En primer lugar, y antes de entrar a lo que sería el “resumen” o comentario propiamente dicho sobre el libro que nos ocupa, me veo en la necesidad de contextualizarlo. Esta revista que publicamos pertenece a la Escuela de Psicomotricidad de la UNED de Bergara, que forma parte de la Asociación Europea de Escuelas de Formación en Práctica Psicomotriz (ASEFOP).
Los autores del libro pertenecen a los equipos del Master de Terapia Psicomotriz del Departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili (Tarragona) y de la Licenciatura de Psicomotricidad de la Escuela Universitaria de Tecnología Médica de la Facultad de Medicina, de la Universidad de la República (UDELAR) (Montevideo, Uruguay).
En la introducción expresan su “reconocimiento a la obra desarrollada por Bernard Aucouturier y por André Lapierre” y dicen que “Nuestra formación inicial se vincula fundamentalmente a la Práctica Psicomotriz de B. Aucouturier y al psicoanálisis”.
La Formación Personal/Corporal que se expone en este volumen está basada principalmente en el trabajo realizado a partir de las propuestas de B. Aucouturier y que han sido desarrolladas en el seno de la ASEFOP desde 1986, realizando alguna serie de planteamientos que van más allá de la Formación Personal planteada en nuestra Asociación.
Es, por lo tanto, a partir de esta contextualización que voy a realizar el comentario sobre el libro, es decir, no como un libro sobre la formación personal de la Práctica psicomotriz Aucouturier, sino como un libro que nos cuenta las estrategias de trabajo de estos dos equipos en sus respectivas formaciones.
Vayamos a ello. Lo primero que quiero destacar es el gran trabajo de observación, recogida de información y análisis que han realizado los autores a partir de sus respectivas experiencias. Hay aportaciones muy interesantes que permiten comprender la profundidad de este tipo de planteamientos en la formación de los psicomotricistas.
En la estructura del libro se muestra el carácter universitario de sus autores, pues se trata de una exposición clara y muy pedagógica. El texto va sazonado de las opiniones del alumnado que ha participado en esta formación, lo que aporta un punto de vista muy vivencial.
Me parece muy interesante el capítulo 3 “Competencias de la formación corporal del psicomotricista” que da la importante dimensión que aporta ésta a la formación de los profesionales, algo que es de agradecer sea tomado en cuenta desde la Universidad. Habría que decir que estas competencias deberían estar en la base de la formación de toda persona que quiera participar en los procesos educativos de la infancia.
Por otra parte, junto a la trabajada reflexión que nos ofrecen los autores del sentido del trabajo que realizan, desde la metodología utilizada, los espacios, los materiales, las propuestas, etc. es interesante observar el reconocimiento de la importancia de la subjetividad en este tipo de planteamientos. Es decir el propio proceso personal-profesional que vive el formador y que, junto la construcción de un encuadre y una metodología objetivables, supone la base de la formación.
Y la necesidad de tomar en cuenta el entorno y las condiciones periféricas, dando el valor que merece a la capacidad de ajuste de los formadores y la construcción de su propio proceso formativo. Lo que provoca que el propio contexto de aplicación del trabajo motive realizar los ajustes necesarios y el enfoque sobre determinados aspectos de la formación (espacios, materiales…).
En definitiva un libro que sirve para acercarse a la comprensión de la formación corporal del psicomotricista y que, sin duda, también aporta argumentos y análisis que son muy interesantes para todas aquellas personas que trabajamos en el campo de la practica psicomotriz Aucouturier, y que estamos interesados en comprender y profundizar en los procesos formativos de los profesionales de la educación y la terapia. Especialmente en la necesidad de construir itinerarios en los que la persona esté en el centro, siendo sujeto activo de dicho proceso, que se fundamenta en las actitudes del profesional, y en un mínimo conocimiento de las capacidades y límites de su persona, de manera integral, en sus aspectos corporales, afectivos y cognitivos.
Teniendo claro que la persona educadora es alguien que debe estar disponible a la relación y a la comunicación, esencialmente.
Muchas gracias a los autores del libro por tan interesante trabajo. Seguiremos construyendo en este camino.
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