Este es un monográfico sobre la Formación en Práctica Psicomotriz.
Yo siempre he escuchado cuando he estado formándome, y también como profesor de la Escuela de Bergara, que la formación que se ofrece y la práctica con el niño deben sustentarse sobre los mismos principios, que deben ser coherentes:
• Poner a la persona en el centro de su propio proceso formativo.
• No formar sino ayudar a formar-se.
• El respeto a la persona y su seguridad básica.
• Construir un marco de seguridad que dé a la persona confianza y autonomía.
• No instruir, sino construir en común, de manera que la persona se sienta sujeto, y no objeto, de su proceso formativo.
La formación, y más en una “Escuela” de Formación en Práctica Psicomotriz, conlleva una serie de cuestiones a tener en cuenta: toda formación implica, de alguna manera, una división jerárquica entre quienes saben y quienes no saben, lo cual supone un riesgo que es el de poner al “alumnado” en una situación de inseguridad, de fragilidad, que puede entorpecer su deseo de crecer, de avanzar , incluso llegar a bloquearlo, perdiendo la confianza en sus propias capacidades y su posibilidad de construir y ser creativo.
Existe el riesgo de sentirse en fragilidad y correr el riesgo de vivir la fantasía de “ser rescatado” por el formador, creando una situación de dependencia no deseable.
Es una cuestión muy seria y de gran responsabilidad ser profesor, ser formador, en estos procesos que sabemos no solo afectan a la dimensión profesional sino que llegan a implicar a la persona del profesional en formación.
Es fundamental construir una estructura formativa que contenga todo riesgo de ejercer un poder desconsiderado sobre el alumnado o crear dinámicas de dependencia en lugar de conseguir que la persona se sienta en capacidad y competente.
Es básico posibilitar que el profesional desarrolle, al igual que lo hace el niño en la sala de psicomotricidad, sus propios recursos de reaseguración ante las dificultades y nuevas situaciones que se le van planteando tanto en el propio proceso formativo como en la práctica que realiza como psicomotricista, permitiéndole crear su manera personal de hacer (su “tecnicidad”).
Esta es la comprensión, la idea que tenemos en LUZARO, Escuela de Psicomotricidad de la UNED de Bergara, sobre lo que debe sustentar una labor de formación.
Se trata de poner a la persona en las mejores condiciones para desplegar adecuadamente sus capacidades, aceptando y enfrentando sus limitaciones, de manera que pueda entrar en una dinámica de transformación y crecimiento profesional.
Se trata de conocerse y escucharse para poder conocer y escuchar más adecuadamente a las niñas y niños que acuden a las sesiones de psicomotricidad.
Y de esta manera, contener al máximo el riesgo de proyectar las propias emociones y necesidades afectivas sobre las niñas y niños, adquiriendo la necesaria distancia que permita acompañarles con garantía en su proceso vital de maduración.
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