Norma

Nº 40 · Diciembre de 2010 · pp. 32–37

Resumen. Describe una unidad didáctica experimental desarrollada en el curso 2009-2010 con alumnado de HH5, a partir de la ópera Norma. Se trabaja la expresión verbal y gráfica de las emociones en el ámbito escolar, con la psicomotricidad como referencia, y se menciona una visita al Museo Guggenheim.

Con motivo de la publicación de este número prenavideño de la revista de psicomotricidad que edita la Escuela de Bergara, he querido colaborar con este artículo, subrayando la importancia y coherencia de la Práctica Psicomotriz en el contexto escolar y mostrando una pequeña iniciativa que de forma experimental hemos desarrollado desde el Departamento de Educación Física de nuestro colegio.

Dar un tratamiento coherente y adecuado a la maduración afectiva de nuestros alumnos y alumnas, marcado como objetivo en nuestro Proyecto Educativo de Centro, nos ha llevado a reflexionar sobre la creación de espacios y de momentos que impulsen y canalicen la expresión libre y personal de las emociones de los diferentes miembros del grupo. Desde la sala de psicomotricidad y con el diálogo tónico-emocional como base de nuestro discurso y fundamento de nuestra práctica, nos encontramos en una fase de elaboración de unidades didácticas que, de forma experimental e interdisciplinar, traspasan el currículo escolar e, incluso, nos obliga al profesorado a colaborar y cooperar en el tratamiento de las pulsiones emocionales desde diversos puntos de vista en los diferentes espacios y momentos de nuestra intervención.

Antes de pasar a la descripción de una unidad didáctica desarrollada en el curso 2009-2010 con alumnos y alumnas de HH5 (3º nivel del 2º ciclo de Educación Infantil), consideramos relevante plegarnos a la realidad de un constructo poliédrico como es la maduración emocional, en la que intervienen variantes de índole social, clínica, económica, cultural, histórica e incluso política, que tienen como destinatario al niño y la niña como sujetos agentes (con diferente grado de implicación) en su transformación personal.

No voy a recalcar ni enfatizar sobre el cuadro actitudinal que se nos supone a los profesionales de la psicomotricidad y que radica en el grado de empatía que las resonancias tónico-emocionales enmarcan en nuestras interacciones dentro y fuera de la sala de psicomotricidad, pero sí debo apostillar el enorme beneficio que supone la colaboración y el trabajo corresponsable desde la aceptación de una diversidad afectiva compleja y a la vez enriquecedora de la acción educativa, al mismo tiempo formamos parte de equipos de trabajo en los que la interdisciplinariedad y la multidisciplinariedad son una constante que relativiza posturas axiomáticas y pauta nuestra línea de actuación desde la humildad y la honestidad, cualidades que de ninguna forma nos pertenecen a los psicomotricistas en exclusiva.

Partimos de una situación en la que tanto los grupos de alumnos, como el profesorado mantienen una relación próxima y de reconocimiento recíproco que facilita enormemente el discurso y su concreción. La propuesta tiene un carácter experimental y se consensúa entre el Departamento de Educación Física y el Departamento de Educación Infantil de los que formo parte y entre los que pretendo establecer un puente de información, colaboración y experimentación, como viene a demostrar esta iniciativa.

A la necesidad que se observa desde el equipo de andereños que atienden la etapa de infantil, sobre la creación de unas pautas que faciliten el trabajo en el aula, en lo que ha venido en denominarse: temas transversales, se ha sumado la posibilidad de enriquecer y redondear las sesiones de práctica educativa que los diferentes grupos de educación infantil tienen semanalmente en la sala de psicomotricidad en nuestra escuela de Lateorro, mediante una serie de propuestas que conjuguen habilidades del pensamiento con recursos personales y colectivos para disfrutar del arte. Enseñarles a mirar, pero también a escuchar, a dialogar, a interpretar, a inventar, a disfrutar de las obras y a ser conscientes de su propio gusto. No se trata sólo de saber cuando algo les gusta o no (eso también lo hacen los animales y de una forma categórica), sino que se trata de poder razonar el gusto, explicar por qué una obra, una línea o un color son atractivos.

A su paso por la sala van dejando constancia de su evolución en la expresividad motriz y de su variabilidad en función de la seguridad afectiva que el adulto les ofrece (B. Aucouturier 2004) y de la relación que establecen con los demás, con los objetos, con el espacio, con el tiempo y con ellos mismos. Aquí se conforman los resortes desde los que el niño o la niña en cuestión se sumerge con mayor o menor grado de placer en la comunicación (lenguaje oral y otros lenguajes), es el preludio de la descentración tónico-emocional, factor indispensable para la formación del pensamiento operatorio.

Es desde este estadio, en el que los alumnos de HH5 se encuentran en diferente fase evolutiva, desde donde pretendemos suscitar el placer de crear, de pensar y definitivamente de actuar. Este trabajo se lleva a cabo integrando dos flancos, el lenguaje y el mundo, en un ejercicio de construcción de la propia identidad. Existe un “yo” que habla, que se expresa y que se encuentra en el mundo. Existe un mundo y un lenguaje que integran el “yo”. Esto se amplía cuando el vehículo de expresión del pensamiento es la palabra, el gesto, el movimiento, el color o la forma, a través de una dinámica de relación, de diálogo.

Considerando el espacio de la sala de psicomotricidad (metáfora del cuerpo de la madre) como un lugar idóneo para la expresión controlada de toda estructura mental, consensuamos para esta primera unidad didáctica el vínculo de un estado emocional con diferentes fórmulas expresivas, de las que seleccionamos la gestual y la plástica a través de la música y el dibujo.

La unidad didáctica, que nos sirve de argumento para este artículo la denominamos Norma ya que se centra en la audición de un aria de la ópera del mismo nombre, con música de Vincenzo Bellini y libreto de Felice Romani, basada en una tragedia de Alexaindre Soumet y estrenada en La Scala de Milán el 26 de diciembre de 1831. El aria en cuestión es de sobra conocida, sobre todo la versión de María Callas y se titula “Casta Diva” en la que la protagonista dirige una plegaria a la Luna transmitiéndonos a cada uno de los miembros del equipo docente, de una forma sublime, el sentimiento de tristeza que es el concepto emocional marcado como objetivo a trabajar, nos parece un recurso idóneo y coherente con el que cada cual crea un vínculo de profundo asentimiento y particulares resonancias.

La dinámica de mis sesiones y sus pautas están muy interiorizadas y asimiladas por los distintos miembros que componen los grupos que acuden semanalmente a la sala y para esta experiencia hemos seleccionado a los tres grupos-aula que conforman el nivel de HH5 en mi escuela. Cada grupo responde en función de distintos determinantes que lo configuran, número de alumnos, dominio del idioma, distintas formas de liderazgo y de interrelaciones dentro de cada grupo, implicación de la andereño-tutora, vínculo con el psicomotricista, etc., y toda una serie de factores que están siendo analizados de cara a la elaboración de próximas unidades didácticas.

El momento elegido para la concreción de esta unidad ha sido diferente en función de la demanda del propio grupo y obligándonos a flexibilizar el resto de la programación, respetando el proceso particular de cada grupo en base a las especificidades de cada uno de sus miembros, labor que a priori me intimidaba pero en cuyo proceso y desarrollo he ido atenuando mis propias angustias. Vuelvo a subrayar el sosegado, segurizante y creativo marco que la propia práctica psicomotriz educativa ha generado en la relación con cada grupo e individuo que lo conforma y que la experiencia, además, la introducimos por el vínculo, podríamos llamarlo histórico, que con estos grupos se ha ido construyendo a lo largo de los últimos cuatro cursos.

Al tener una gran sala y trabajar con grupos numerosos (20-24), mis sesiones están muy estructuradas y la gestión del tiempo es un asunto primordial en base al seguimiento de los horarios marcados por la jefatura de estudios, de ahí que para el control de las sesiones me valga del aviso oral y sobre todo de la introducción de ciertas melodías musicales que indican los diferentes momentos de cada sesión, sobre todo el que nos indica que hay que recoger para pasar a lo que llamamos espacio de representación, en el que desde el curso pasado, los alumnos de estos grupos han ido acercándose al mundo del yoga a través de diferentes asanas que recuerdan distintas figuras animales y en las que la permanencia, la respiración, el silencio y la mirada del/al otro van creando la imagen corporal de cada cual.

Una vez que enfilamos el último tramo de la sesión cada miembro del grupo es conminado a ocupar un lugar en el espacio, previamente marcado en el suelo (aprovechamos la colocación de unos cuadraditos de diferentes colores aleatoriamente distribuidos por el parqué), para reproducir una asana determinada a elección de cada individuo y desde esta posición se les lanza la propuesta de escuchar el aria anteriormente mencionada, esto ocurre durante unas dos o tres sesiones como prolegómeno del ritual de salida. Progresivamente se va estableciendo un momento cada vez más extenso para la verbalización de las emociones y sentimientos que cada cual ha experimentado sin que haya una interpretación adecuada en exclusividad, surge el debate sobre las causas y las condiciones en que la tristeza nos invade, cada miembro del grupo es partícipe de las habilidades de percepción, investigación, conceptualización, razonamiento y de expresión oral de los demás, el adulto no elabora una teoría, mas bien, facilita la elaboración de diferentes discursos que cada cual expone según su nivel madurativo y hacia la cuarta sesión propone dibujar a Norma. Nadie la ha visto, sólo la hemos oído y cada cual en función de su nivel cognitivo y fantasmático ha podido reinventar su propia historieta en base a los diálogos y discursos que han aparecido en los debates habidos hasta el momento (desde la princesa abandonada por su familia en la torre de un castillo, a la amatxo angustiada por el rapto de sus hijos).

Los adultos tendemos a dejar los temas cerrados y en este caso me parecía muy poco edificante el establecer una historia como válida, una versión como la auténtica y sin embargo había que concluir, ya que hay más programa que acometer, más debates que crear y más emociones por experimentar. De la misma forma que les solicité un dibujo de cada cual como regalo personal e intransferible hacia mí, les anuncié hacia la quinta sesión que en la próxima ellos recibirían una Norma que yo les daría a cada cual, para lo que yo pondría todo mi mejor hacer, dedicación y esfuerzo.

Mi Norma surge de la visita a una exposición que se celebra en el Kubo-Kutxa espacio en Donostia sobre la figura del creador del extraterrestre más fantástico de la historia del cine: Allien; el artista en cuestión es H. R. Ginger y de su colección de monstruos con su estética de simbiosis de lo natural y orgánico con lo artificial y tecnológico, escogí una reproducción catalogada como Li I de 1974, que es un acrílico sobre madera y papel, representa la cara de una mujer joven de mirada profunda y clara, con insinuada tristeza y adornada de una ampulosa mezcla de motivos telúricos que suscitan un mundo tenebroso y de angustia. La imagen es tomada de un libro de fotografías de la exposición y tras un proceso en el que intento difuminar ciertas imágenes y bajar el nivel de oscuridad que transmite la obra, les ofrezco el resultado como si fuera mi propia creación.

La fotocopia que les distribuyo les permite recolorear el cuadro según sus propios criterios, apetencias y estado anímico, lo que en cierta manera percibo como una vía de atenuación de la angustia que la actividad nos ha brindado y que puede valer como continente de la emoción suscitada a través de este trabajo.

Hemos dedicado unas seis sesiones a esta unidad didáctica y quedan muchísimas reflexiones que hacer al respecto, pero es irrefutable la validez que el dispositivo espacio-temporal y de acogida que la práctica psicomotriz ideada por Bernard Aucouturier propicia en sí misma y como plataforma de un amplio abanico de posibilidades que la ponen en contacto con disciplinas como la Filosofía y el Arte.

Para la elaboración de este trabajo me ha servido enormemente el encuentro casual con el Proyecto Noria que Irene Puig y Angélica Sátiro han creado y que la editorial Octaedro ha editado bajo el título “Jugar a Pensar”.

Mi labor como educador encontró un área propicia de trabajo cuando hace tres décadas descubrí la práctica psicomotriz, mi trabajo como especialista en Educación Física me puso en la evidencia de las carencias que los procesos de enseñanza-aprendizaje tenían en este espacio curricular y la perentoria necesidad del cambio de paradigma desde el que se acude a tal tarea. Hoy en día el concepto de unidad de placer del cuerpo, su tratamiento global frente al segmentario, los fantasmas de acción que nos llevan a la simbolización de la acción, la observación de la expresividad motriz, la experimentación de las resonancias tónico-emocionales y los juegos de representación que nos llevan al placer de pensar son los cimientos desde los que construyo mis sesiones y actúo en mi trabajo. Además me han permitido vivir esta profesión de una forma creativa y coherente, acercándome a campos como la Filosofía y el Arte desde la reflexión en el mundo de la Educación Física (lo que cuando terminé mis estudios de Magisterio estaba vedado en exclusividad a autores y eruditos de otras disciplinas que ni entendían ni habían vivido el placer del movimiento, por considerarlo de baja catadura intelectual, o si lo vivieron fue por la recompensa onerosa de la ejercitación en la actividad física y el deporte como medio de vida).

A mediados del tercer trimestre del presente curso los alumnos del nivel HH5 en visitas concertadas y bajo un programa que el Museo Guggenheim establece para los centros escolares de su área de influencia tomaron parte en las actividades programadas por el Departamento de Relaciones Públicas de dicha institución, donde se les transmitió la teoría de que el arte sirve para la expresión que cada cual puede tener sobre un concepto, un sentimiento, una idea e incluso la transformación de la realidad que cada cual adapta a su capacidad simbólica. Pudieron contemplar obras de arte de la colección del Museo, fueron interpelados acerca de su criterio y se les acercó a otra mirada. Terminaron creando sus propias obras y disfrutando de una actividad extra-escolar con excursión en tren a la “capi” incluida.

Bibliografía

Puig, I. de y Sátiro, A. (2008). Jugar a pensar. Recursos para aprender a pensar en educación infantil. Barcelona: Octaedro.

Aucouturier, B. (2004). Los fantasmas de acción y la práctica psicomotriz. Barcelona: Grao.

Llorca, M. et al. (2002). La Práctica Psicomotriz: Una propuesta educativa mediante el cuerpo y el movimiento. Málaga: Aljibe.

“H.R. Giger. Retrospectiva”. Donostia: Kutxa Fundaioa. 2009.

“Norma”. Vincenzo Bellini y Felice Romani. Milán 1831. “Casta Diva”. Maria Callas. Paris 1958. (www.delealplay.com)

Sobre Patxo Ruiz. Patxo Ruiz es maestro y psicomotricista en el C. P. Lateorro L. H. de Llodio (Alava).
Cómo citar: Patxo Ruiz (2010). Norma. Cuadernos de Psicomotricidad, 40, pp. 32–37. Luzaro.
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