No sólo con niños, sino también con sus familias

Nº 39 · Junio de 2010 · pp. 29–34

Resumen. Relata la experiencia de incorporar a las familias al trabajo de la sala de psicomotricidad con niños de 2 a 6 años. Describe el desarrollo de la primera sesión con padres y madres, desde el ritual de entrada hasta el ritual de salida.

Desde un principio hemos creído que para realizar un trabajo verdaderamente completo y coherente con los niños que asistían a la sala, debíamos también integrar a las familias en la misma. “Primero son los padres y luego los hijos” (Carles Parellada). Todos los niños traen en la sombra a sus padres y madres y en esta edad de 2 a 6 años son quienes más necesitan hacerlo, aunque sea inconscientemente.

No sólo los hijos, sino que los padres también sienten todavía una gran necesidad de estar unidos a sus pequeños. Nada más abrir la puerta de la sala, cuando la sesión de psicomotricidad finaliza, los padres y las madres se acercan a los niños como queriendo averiguar qué es lo que han hecho y cómo se sienten. Realmente existe en los padres una gran curiosidad por descubrir lo que sus hijos son en la sala. También hay familias que le dan mucha importancia a saber lo que hacen sus hijos e intentan interrogar a las educadoras para descubrir aspectos que sus hijos no les quieren contar. Más tarde, son esos padres y madres quienes se dan cuenta de que lo que sus hijos viven en la sala es su privacidad y que nosotras, las psicomotricistas, no les vamos a contar mucho más de lo que sus niños les quieren contar, cuando no es necesario hacerlo.

Así que para una mayor comprensión y aceptación hacía lo que eligen sus hijos, contar o no lo que viven en la sala, y por la constatación de la tremenda importancia de las familias para los niños con quienes trabajamos, intentamos desarrollar el trabajo que veníamos realizando como psicomotricistas. Teníamos un gran reto por delante: no solamente trabajar con los niños, sino también con sus familias. “Para educar a un niño hace falta la tribu entera” (frase africana). Y así es como estamos viviendo el trabajo que vamos elaborando con las familias: como un gran reto. Un reto, porque nuestro recorrido profesional como psicomotricistas no ha hecho más que empezar; un reto, porque nunca hasta ahora habíamos trabajado con ellas de esta manera; y una vez más, un reto, porque ante esta nueva situación desconocíamos nuestra propia respuesta así como la de los padres y madres que iban a asistir a las sesiones.

A la vez, está resultando una experiencia enriquecedora, llena de ilusiones y, cómo no, de miedos. En un principio la ilusión hizo que estalláramos en ideas, pero conforme se iba acercando el día de la primera sesión con las familias, los miedos empezaron a convertirse en casi protagonistas. Es gracias a estos últimos como pudimos darnos cuenta de la realidad y tocar tierra de una manera más protectora hacia nosotras mismas y ajustarnos con conciencia a las expectativas que las familias podrían tener en cuanto a estas sesiones. De esta manera, nuestro proyecto cambió de rumbo: describimos un itinerario simplificando aquello que a lo mejor a algunos padres y madres les podría venir grande y aquello que nosotras, como acompañantes, no estábamos seguras de desempeñar con disponibilidad. La primera sesión que íbamos a realizar con los adultos quedó en una sesión similar a la que desarrollamos con sus hijos:

Ritual de entrada

Algunos nada más entrar por la puerta se acercan con mucha decisión; otros entran con más timidez, primero observando el nuevo entorno en la que se encuentran, para más tarde ir adentrándose en ella. Cada padre y madre actúa de diferente manera, como cuando los niños llegan por primera vez a la sala.

Una vez reunidos todos, procedemos a las presentaciones, tanto nosotras como las familias. Es en la misma presentación donde la tensión que lleva cada uno de nosotros se va aflojando. Cada palabra expresada, aún con resistencias, ayuda a vivir con más calma y aceptación lo que hace unos instantes vivíamos con mayor angustia. Como bien nos recalcaba Miguel Ángel Domínguez Sevillano en la formación personal, “la cosa cuando se dice no es la cosa, sino que ya es otra cosa”.

Entre otras, sugerimos a los padres que cuenten el porqué de asistir a esta sesión y cómo se sienten. Es de esta manera como cada uno de ellos se va conectando con su interior para poder expresarse desde dentro hacia fuera. Una vez ex-presado, la tensión y los miedos disminuyen y los cuerpos empiezan a aligerarse. Conforme cada uno de ellos va acabando con su presentación, una de las psicomotricistas coloca una pegatina a cada uno con su respectivo nombre. Este gesto además de servir para dirigirnos a cada uno de ellos por su nombre, recoge lo especial y único de cada uno de su ser y su sentir.

Por último, para que sus posibles miedos a lo desconocido y a lo que está por llegar vayan deshaciéndose y acercándose a la realidad, les describimos sin profundizar demasiado, el itinerario que van a seguir en esta sesión. Imaginarse el esquema que van a recorrer les sirve también de ayuda para centrarse en lo que van a ser, sin que sean invadidos por demasiados fantasmas.

Relajación

Mediante esta práctica pretendemos que cada persona conecte con su interior en el aquí y ahora. Sugerimos que presten atención a aquellos puntos de tensión que puedan existir en sus cuerpos y que una vez identificados, intenten relajarlos y desbloquearlos a través de la respiración. Poco a poco, cada uno va tomando consciencia de su cuerpo y de lo que en ese momento siente. Una vez conectados y relajados van saliendo muy despacio, con movimientos suaves de esa situación, abriéndose de nuevo al espacio exterior de la sala.

Para acabar con la relajación, les sugerimos que se desplacen por la sala con calma, sin perder la conexión y conservando los beneficios que han conseguido. En ese caminar, cada uno con su sentir, se va encontrando con el otro para poco a poco entrar en relación con los demás.

La expresividad motriz

No sólo los niños, también los adultos necesitamos romper con la ley y con la simetría. Algunos nada más escuchar el ¡1,2, y 3! de la boca de la psicomotricista, corren hacia la torre para destruirla con la totalidad corporal; otros se quedan atrás, mirando sorprendidos la respuesta de destrucción de los demás. Entonces, una de las psicomotricistas ofrece una torre más bajita a ese adulto que se ha quedado atrás, pero que aún muestra tener deseo de destruir. Al principio avergonzado y más tarde con decisión, es cuando éste último consigue entrar en juego.

Al principio, existe en los padres una gran curiosidad e interés por descubrir todo lo que la sala les ofrece. Pero al mismo tiempo, se miran unos a otros, como preguntándose “¿y ahora, que hago?” Una vez vivida esa confusión entre “quiero y no me permito”, entre “me gustaría, pero qué dirán”, cada uno a su manera y a su ritmo, va entrando en una dimensión que hace mucho tiempo no había experimentado. Una dimensión que le lleva a la infancia, a las raíces de su verdadero ser y sentir.

En algunos el placer estalla con el movimiento, el salto y el grito; en otros, el displacer con la inhibición; y es en otros donde la agresividad les conduce hacia la destrucción, para de nuevo ser construido. Las psicomotricistas, sin olvidar que debemos actuar como con los niños, percibimos cada situación e intervenimos cuando creemos oportuno.

Es con esta experiencia con lo que realmente los adultos presentes van a poder experimentar lo que sus hijos viven en la sala y posteriormente poder asistir a sus necesidades con mayor ajuste. Conectarse con uno mismo nos ayuda a conectarnos mejor con el otro. En esta vivencia las familias se implican con todo el cuerpo, de una manera íntegra y profunda. Tratan con esto de aprender un lenguaje que no está escrito, pero que habita en sus cuerpos. Dicha expresividad motriz es la que les da la oportunidad de adentrarse en sus almas y descifrar lo que está inscrito en ellos, para comprenderse a sí mismo y acompañar al niño que tienen delante con mayor respeto.

Cuento

El llamamiento canturreado de “ipuinaren ordua iritsi da” (‘ha llegado el momento del cuento’) avisa a los padres del final del juego motor y del comienzo del cuento. En este caso, el cuento consiste en una reproducción de un vídeo realizado con imágenes de sus hijos e hijas en la sala.

Los padres y madres, después de haber experimentado situaciones similares por sus propios cuerpos, miran con atención todo lo que sus hijos son capaces de hacer y de ser. Es de esta manera como las familias llegan a colocarse en el lugar de sus hijos y conectan con lo que en cada uno de los momentos su hijo pueda estar viviendo. Este hecho ayuda a los padres a sentirse más cerca de sus pequeños e intuir ese punto de conexión donde la comunicación parece ser más efectiva.

En definitiva, es en este espacio donde los padres cambian la visión hacia sus hijos y reflexionan en silencio para cada uno encontrar en su interior aquello que necesita para acercarse más a sus pequeños. Cristóbal Gutiérrez, cuidador extraordinario del alma infantil, afirma que “los padres han de cultivar y solidificar los tres pilares que sostienen la crianza: la observación, la reflexión y la intervención. Observar para poder distinguir lo esencial de todo aquello que percibe. Reflexionar, pensar y reconsiderar los conceptos desde los cuales vemos la vida. Y, por último, aprender a intervenir para que el niño en lugar de obedecer, descubra cuáles son sus deseos y cómo llevarlos a cabo”.

Representación

En esta ocasión, sugerimos a los padres y madres que se reúnan de dos en dos y colaborando el uno con el otro se expresen mediante un dibujo.

Al principio, paralizados, miran a su alrededor intentando asimilar la propuesta. Debe haber adultos que desde hace tiempo no han jugado con la expresividad plástica y les resulta violento coger la pintura y sin que se les dé una consigna comenzar a dibujar. Más tarde, una vez introducidos en el papel, es casi imposible que se detengan en su expresividad. De alguna manera algo en su interior guía para continuar dibujando sin parar.

Mientras los dibujos transcurren, las educadoras permanecen atentas a las necesidades internas de los padres y madres. Así, nuestra labor consiste en asistir al otro: por ejemplo, cuando percibimos la necesidad de expandirse en el espacio con un trazo concreto añadimos otro papel, unido al que ya tienen. Es de esta manera como los padres sienten que realmente su trabajo es importante. Si los que asistimos tomamos su trabajo en serio, sin juzgar ni querer interpretar, ellos también lo harán. Una vez dado por terminado este dibujo, los psicomotricistas acogen los trabajos con mucho cuidado y respeto.

Seguidamente, y para ir concluyendo con la representación, les proponemos que se coloquen en la sala, individualmente, en un lugar donde más lo necesitan, para comenzar a escribir lo que cada uno siente. Les aconsejamos que dejen salir a esas palabras que su cuerpo necesita expresar, de una manera fluida, aunque a primera vista parezca que no tengan sentido.

De la misma manera que la necesidad de moverse en el juego y la de trazar en el dibujo inunda sus cuerpos, una vez introducidos en la escritura, resulta impresionante percibir la necesidad de expresión que cada uno de ellos vive gracias a la acción que anteriormente han podido experimentar, y ahora a cierta distancia, pensarla. Así, reflexionan sobre lo que cada uno de ellos ha podido vivir en la sala, comprendiendo más profundamente su manera de ser y actuar.

Ya por último, los padres y madres se reúnen con la pareja con la que anteriormente han compartido el dibujo, y mutuamente se dicen y escuchan lo que sale y entra de sus vivencias interiores.

Toda esta propuesta de descentramiento e interiorización mediante la expresión plástica y escrita sirve de paso para adentrarse en la siguiente propuesta: el ritual de salida.

Ritual de salida

En esta ocasión ofrecemos la posibilidad a los padres de compartir con los demás todo lo que necesiten decir. Algunos resaltan cierta situación ya vivida en la sala; otros, realizan conexiones entre lo que han vivido ellos mismos y lo que sus hijos puedan vivir.

Aunque este espacio no consista en una terapia, muchos de los adultos aprovechan para desahogarse y expresar todo tipo de emociones. Existe por tanto, un hueco para hablar y compartir experiencias, contener sentimientos y trabajar temas relacionados con la educación de sus hijos. “Los padres necesitan ser escuchados ya que muchos se sienten solos y confundidos entre tantos libros y especialistas que parecen tener razón, pero que llegan a resultar contradictorios” (Lourdes Cestero Montoya). Así, entre risas y lágrimas, claves y dudas, damos por finalizada la primera sesión con las familias.

El haber compartido esta experiencia con los padres, hace que nos sintamos fortalecidas en nuestro trabajo. Creemos haber conseguido que las familias miren con buenos ojos lo que hacemos; han creído en nuestra manera de hacer y en lo que sus hijos pueden evolucionar en la sala. Y esto ha influido, directamente y de manera positiva, en la actitud de los niños.

Somos las tres partes por tanto, las que salimos beneficiadas de este encuentro con las familias. Cada uno agradece al otro por haber creído en él y haberle reservado un espacio. Las familias nos dan las gracias por la labor que estamos haciendo y, al mismo tiempo, los niños agradecen a sus padres y madres por apostar una vez más por una relación más cercana y ajustada, ya que como bien afirmó José Miguel Castro, especialista en Educación Creadora, “un niño necesita adultos activos y que crecen”. Nosotras damos mil gracias a los padres, madres y sus hijos por haber creído en nosotras y habernos enseñado tanto.

Referencias bibliográficas

  • Castro, J. M. Jugar, vivir, aprender. La deriva personal. III Jornadas de educación y crianza La Serrada. Alicante.
  • Cestero Montoya, L. El arte de ser padres. Talleres de crecimiento personal para padres. Artículo.
  • Gutiérrez, C. Crecer con los hijos. Artículo.
  • Parellada, C. 2007. Ver, observar, percibir: la mirada de la psicomotricidad como fuente entre la familia y la escuela. VIII Jornadas de práctica psicomotriz, reeducación y terapia, Vitoria-Gasteiz.
Sobre Ianire Jaio, Maider Arrizabalaga. Ianire Jaio y Maider Arrizabalaga trabajan como educadoras en diferentes centros educativos y como psicomotricistas, en horario extraescolar en la Escuela Pública Bedoñabe de Arrasate.
Cómo citar: Ianire Jaio, Maider Arrizabalaga (2010). No sólo con niños, sino también con sus familias. Cuadernos de Psicomotricidad, 39, pp. 29–34. Luzaro.
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