Práctica Psicomotriz educativa y grupos de ayuda
Quiero compartir con vosotros unas reflexiones sobre una preocupación común.
La afectividad es un tema tan actual en la vida familiar, social y escolar que nos moviliza para descubrir y situar sus factores dinámicos y la conexión con los aspectos relacionales. Pero no hay que olvidar que los adultos profesionales de la infancia tienen igualmente dificultades para identificar el problema infantil y existir con él, y también en “disciplinar” sus comportamientos como entidades relacionales.
La estructuración psíquica depende también de la organización de los afectos, y éstos derivan de los contenidos relacionales.
Constatamos que en el acto infantil está siempre presente una característica sensoriomotriz original, omnipotente, persecutoria y sádica que es inherente a la pulsión de vida. Los fantasmas de acción, propios del ser humano, nacidos de la relación de afectos, son la base del psiquismo y sirven para modular la búsqueda permanente de la unidad de placer, pero ésta es una ilusión.
También necesitamos entender y referir, de una forma interactiva por mediación corporal, la dialéctica unión/separación, que vincula la acción inicial de niñas y niños al espejo de placer del otro y a sus respuestas.
Es necesario acceder a una comprensión psicomotriz de la infancia y a la importancia y función del otro en su desarrollo y maduración.
Pero es verdad que no hay un ser humano sin problemática relacional. Es muy importante situar y respetar el sentido de la historia afectiva de la persona y de la dialéctica paradójica de unirse y separarse del otro.
¿Qué nos pretenden decir las niñas y niños con esta manera de existir en el mundo, “de entrar en el cuerpo del otro”, de hacer esta “fusión corporal con el otro”, de ser “indiferenciado con el otro”? ¿Por qué no se dan cuenta de los daños que provocan a los demás, por qué no disciplina y socializa sus actos en ciertos momentos? ¿Cómo explicar esta necesidad “de ser excesivo con el cuerpo del otro” y “cuál es su dinamismo y sus marcadores de acción”?
La agresividad, por ejemplo, es una demanda de ayuda (“ayúdame porque sin ti no sé quién soy yo; pego mi cuerpo al tuyo para llenar el vacío de no tener representaciones mentales que me diferencian de ti; por eso, no me doy cuenta de los daños que te estoy haciendo cuando te agredo”).
Claramente es porque no tiene el afecto del otro estabilizado y constituido (dentro de sí) organizado psíquicamente; sus recursos psíquicos, en determinados momentos son insuficientes para contener sus necesidades corporales de “fusionar su cuerpo con el cuerpo de los otros”. Sus carencias e inseguridades precipitan esta acción de fusionar su cuerpo porque está sin contención, está perdido, vacío o indiferenciado de referente del otro.
Este pensamiento infantil no tiene capacidad de dar sentido a las representaciones psíquicas presentes en la conciencia, estando bloqueado en su dinamismo por un pasaje al acto, y podremos constatar que la actividad se transforma en sufrimiento, en malestar, en conflicto.
En suma, hay una falta de contención de los afectos que compromete y condiciona la maduración equilibrada del ser y el desarrollo psíquico. Esta patología infantil, tiene su conexión con aspectos que se relacionan con la interacción y los afectos, dificultando la evolución hacia niveles de simbolización más elaborados. Estamos ante la incapacidad del niño para gestionar el conflicto interno que se expresa por su comportamiento desajustado, la dificultad de vivir los esquemas de acción y la dificultad de vivir el placer de la acción-transformación compartida con el otro (son éstos los elementos para discernir los marcadores de acción), quiero decir, los elementos que el psicomotricista tiene “incorporado” de las interacciones con las niñas y niños.
¿En la Práctica Psicomotriz Aucouturier ASEFOP qué relación debe salir de mí y llegar al niño?
La calidad relacional y la capacidad de respuesta del adulto con una base tónico-emocional empática, son contenedoras para las niñas y niños a varios niveles. Contienen los afectos por el estado tónico-emocional compartido y contienen los fantasmas originales, ya que encuadran y limitan su manifestación y permiten acceder a su representación psíquica.
Las consecuencias psíquicas son evidentes en la capacidad del niño de existir porque permite iniciar la construcción interna de la “no pérdida” cuando el otro no está presente, siendo una construcción progresiva de seguridad al tener un lugar psíquico del otro en sí mismo, para después tener un lugar de sí mismo en el mundo, es decir, su afirmación de identidad reconocida y admirada.
¿Qué tarea relacional mediatizada por el cuerpo nos está reservada? ¿Qué camino y coherencia formativas podremos vivir para responder, por ejemplo, a las manifestaciones agresivas de la infancia y del entorno?
En la Práctica Psicomotriz Aucouturier ASEFOP trabajamos con una competencia relacional empática para vivir en reciprocidad las resonancias tónico-emocionales del niño, con una base de placer a través de la dinámica de la acción y de los afectos de base no consciente. Es igualmente necesaria una comprensión psicomotriz “identitaria” de la infancia aliada a un dispositivo de ayuda a la niña o niño, que le va a permitir que nos utilice en la reparación del espacio de seguridad afectiva, porque somos un “otro” movilizador del imaginario del afecto.
En consecuencia, se instala una continuidad psíquica que anticipa la curiosidad de pensar la realidad externa, que abre a la movilización de los fantasmas y al espacio de representación mental. Las emociones están así asociadas a los contenidos de las representaciones. Este espacio de transferencia es fundamental para la apropiación “identitaria”, particularmente para actuar sobre sí mismo, sobre los otros y sobre la cualidad de los factores constituyentes de la realidad externa: los componentes físicos de la materia.
No tenemos tiempo para hablar de la cognición, pero es aquí donde debemos situarla.
El adulto que tiene la competencia de utilizar la PPA como recurso para la ayuda, es un adulto que sabe que tiene que estar en un proceso de construcción y reparación de la acción, con una implicación profunda tónico-emocional. Es algo que nace de la profundidad, que tiene que ver con su capacidad empática y que engloba las resonancias tónico-emocionales recíprocas con su propia estructura fantasmática personal.
El especialista en PPA es así un “otro” de calidad que la niña o niño necesita, pues si el tiene el otro dentro de sí, podrá decirse y revelarse, lo que en el contexto de su psiquismo es “tener una madre y un padre internos”, no reales sin idealizados, lo que le permite tener un lugar psíquico con la correspondiente estabilización de su continente de afecto.
Para acceder a las competencias relacionales por una mediación corporal, es necesario hacer un camino formativo coherente partiendo de una formación personal debidamente encuadrada por formadores competentes y equipos de formación estructurados. Articular continuamente los emergentes expresivos de la acción infantil con la teorización respectiva, es una tarea más para las escuelas asociadas dentro de la ASEFOP.
Nos interesa ahora poner en evidencia algunos de los principios orientativos de la conceptualización de nuestra práctica psicomotriz:
1. La ecuación para el especialista en Práctica Psicomotriz es descubrir qué tipo de relación hemos de tener ante la expresividad que los niños nos presentan a través de su acción, en el dispositivo de Ayuda de la Práctica Psicomotriz.
2. Sabemos que nuestros contenidos de ayuda están vinculados a nuestra capacidad de compartir el acto infantil con elementos tónico-emocionales vividos en reciprocidad y resonancia, lo que nos orienta a interactuar partiendo de los marcadores de acción manifiestos en la expresividad del niño e históricamente vividos en nuestra relación de Ayuda.
3. Sabemos conceptualmente que es favoreciendo la expresión y la exteriorización de lo más profundo como se va permitir a niñas y niños la movilización de una capacidad creativa e innovadora del pensamiento, y la consecuente transformación infantil “identitaria”. Por eso, el niño es el centro de nuestra acción y nuestros contenidos relacionales derivan de sus actos.
Sabemos que tenemos de ser especialistas en una dialéctica paradójica de unirse y separarse de… por mediación del cuerpo, lo que conlleva toda una fantasmática de acción de características omnipotentes, persecutorias y sádicas que implica que tengamos que trabajar formativamente estos aspectos personales, articulados con nuestra intervención en práctica infantil supervisada.
Para que comprendamos mejor lo que acabamos de decir, hablemos ahora de algunos elementos de análisis emergentes de la clínica infantil y de la clínica formativa, para sostener nuestra explicación.
Nuestro universo de experiencia abarca 25 años de práctica con cerca de 3.400 casos de niños y sus familias, recibidos en el CEFPP de Portimão, centro que se encuentra hoy en fase de remodelación de instalaciones a cargo del Ayuntamiento de esa ciudad.
Conferencia:
En el transcurso de la conferencia Alberto Machado procedió a proyectar un vídeo de una sesión de práctica psicomotriz preventiva con 10 niñas y niños, en la que se hacía ayuda psicomotriz con 4 niños: uno con pulsionalidad agresiva, otro con parálisis cerebral, otro con inhibición y finalmente un adoptado. Era la décima sesión, de una hora, semanal, de un total de 30 sesiones en el año lectivo.
Esta ayuda era responsabilidad de 3 especialistas en práctica psicomotriz, donde no había funciones terapéuticas escalonadas. Sí respondía al emergente expresivo activo e interactuado a lo largo de las sesiones. Se comentaron las imágenes y se analizaron las funciones relacionales.
Pasemos ahora a hablar de las dificultades predominantes que manifestaron los adultos formados en relación al ajuste, por ejemplo, con el niño “agresivo”. Su gran dificultad era cómo armonizar la “expresión libre del niño”, cómo “poner límites al paso al acto agresivo”, siendo a la vez ley y referencia para los demás, y también cómo actuar delante de una producción fantasmática, particularmente aquéllas que mostraban características omnipotentes o sádicas.
Habitualmente, con sus recursos personales intentaban “desculpabilizar” el paso al acto mediante la palabra, recurso prioritario del mundo de los adultos. Pero la verdadera dificultad era cómo actuar por medio del cuerpo.
Éste es un largo camino que implica dinámicas y dispositivos formativos aliados a la competencia de las formadoras y formadores y que en coherencia con el proceso, se revelan ajustados para permitir al practicante el acceso a una mayor competencia para intervenir en Práctica Psicomotriz infantil y su entorno.
Podemos inferir, pues, las respectivas consecuencias formativas que nos muestren los indicadores para el proyecto de formación personal para los adultos:
1. Tenemos la necesidad de trabajarnos más la dinámica paradójica del unirse y separarse, que se traduce en la capacidad de tener un ajuste contenedor y referencial hacia el niño.
2. Es con un adulto real con quien el niño se quiere relacionar, no con un “simulador terapeuta” predeterminado. Los contenidos emocionales presentes en el acto relacional son fundamentales, y son exactamente dichos elementos de relación los que permiten al niño utilizarnos en su proceso de transformación.
3. Tenemos la necesidad de vivirnos y jugarnos corporalmente con dinámicas omnipotentes, persecutorias y sádicas que, aliadas al descubrimiento de la relación empática y de la dinámica de espejo de acción, nos permitan acceder a la confianza para poder intervenir.
Pero el psicomotricista tiene también una intervención secundaria hacia los padres, donde la prioridad es revelar a la familia cómo actúa el niño con su expresividad y permitir el ajuste parental con los recursos de cada uno de sus miembros. No hay tiempo ahora para explicar este tema, pero es apasionante. Porque los padres en la actualidad presentan serios problemas de comunicación de los afectos en la familia, compensando a sus hijos con bienes materiales y muchas veces sin vinculación. Hay una banalización del material e incluso de la privacidad.
La Práctica Psicomotriz se basa en una filosofía y en unos principios humanos y sociales, que se materializan en actos relacionales diversos que permiten la transformación y el placer en vivir una existencia compartida.
Nunca podríamos ser simplemente seguidores acríticos de Bernard Aucouturier y de sus ideas, y mucho menos seguir por caminos futuros que no podemos acreditar. Lo que no implica que no estemos eternamente agradecidos por sus actos creativos a Bernard Aucouturier, a quien el recordado Gerard Mendel comparó con Freud y Winnicott.
Todos los creadores casi siempre tuvieron problemas con sus propios seguidores. Para ser parte de la historia hay que continuar; y para mí, es todo un honor ser parte de este movimiento colectivo que se llama ASEFOP, que tiene en su currículo la formación acreditada de miles de psicomotricistas.
Os incito a compartir con nosotros esta inquietud para poder inventarnos el futuro porque el presente no nos está valiendo. Porque todos tenemos y somos una función infantil. ¿Verdad? ¡La Práctica Psicomotriz es un excelente camino para este descubrimiento!
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