una vez más, nuestra colaboradora nos ofrece una interesantísima aportación, en esta ocasión sobre Alice Miller
En el número 34 de esta revista en esta misma sección, comenté un libro de Alice Miller, que se titulaba El cuerpo nunca miente; también os proponía visitar la dirección de www.alice-miller.com. Quien haya entrado en esa dirección habrá visto que hay un apartado donde se recogían los correos y las cartas que la gente enviaba a Alice Miller y a las que ella siempre contestaba, aunque fuera brevemente.
Pues bien, actualmente en esa sección hay una nota para comunicar que Alice Miller murió el 14 de abril del 2010. A modo de reconocimiento he vuelto a leer un libro de esta autora que a continuación paso a comentar.
Tal como figura en la solapa del libro El drama del niño dotado y la búsqueda del verdadero yo, éste se publicó en Alemania en 1979 y no pasó desapercibido. En 1985 Tusquets Editores lo editó; el ejemplar que tengo es la 4ª edición, revisada y ampliada por la autora, y es de 2008. Éste sería su primer libro y El cuerpo nunca miente, uno de los últimos. Se cierra un círculo: nació el 12 de enero de 1923 y murió el 14 de abril 2010 a los 87 años. Desde la publicación del libro El drama del niño dotado hasta su muerte pasaron 31 años.
Hacer esta trayectoria al revés, es decir empezar por uno de los últimos libros y acabar en el primero, ha sido algo totalmente imprevisto, pero hace pensar. Si la línea de trabajo que traza un autor es consistente, necesitará de muchos años para desarrollarla, matizarla y profundizar en ella.
Seguramente se le podrá achacar que relegó otros temas o que no desarrolló otros que también eran importantes, pero lo cierto es que Alice Miller no abandonó una idea que consideró importante y urgente de divulgar, y a eso dedicó muchos años de trabajo, en los que su labor divulgativa (13 libros, muchísimos artículos, intercambio de correspondencia, conferencias, y su página web) fue muy intensa. Esa idea y la necesidad de buscar argumentos para difundirla y defenderla es la línea de continuidad que podemos reconocer en estos dos libros.
Se podría decir: ¡ah, ya… Alice Miller!, como sinónimo de la importancia que tiene la toma de conciencia por parte de la sociedad de un hecho con el que ha convivido siempre: el maltrato y el abuso que muchos niños y niñas sufren en su infancia y que pasa a ser parte de su biografía, dejando huellas y teniendo repercusiones en sus vidas adultas. ¡Ah, ya…! Pero como he dicho, esta autora, aunque sí creía que esa idea era central y había que divulgarla, también se dedicó a profundizar en ella. Y en este libro desvela matices interesantes.
Respecto a este libro (El drama del niño dotado…), ¿qué puede haber de dramático en estar dotado, en que aprecien tus dotes, en que puedas reconocer que eres valorado por personas que son importantes para ti? ¿Qué relación puede haber entre eso y el maltrato? A esta pregunta podemos confrontar esta otra pregunta que está formulada en el libro: ¿Querrá esto decir que, en realidad, no fui yo el amado, sino aquello que yo mismo fingía ser? (pág.34).
El sentido profundo del maltrato (del más evidente al más sutil) es que alguien se permite el privilegio de no considerar al otro como persona, sino como “algo” (ni siquiera “alguien”) sobre lo que se puede ejercer cualquier presión (de muy diferentes tipos y grados), a través de la cual se pueda conseguir la sumisión necesaria para lograr, utilizándole, aquello que se quiere alcanzar. Eso conlleva normalmente una doble anulación. Una de ellas es ejercida desde fuera por… La otra es ejercida desde el interior del propio sujeto maltratado hacia sí mismo; si no se revelaría y eso…
Si una persona puede darse cuenta, a través de un largo proceso, de que nunca fue «querido» por haber sido el niño que fue, sino utilizado por sus rendimientos, éxitos y cualidades; si puede darse cuenta de que sacrificó su infancia por este supuesto «amor», dicha constatación le producirá hondas conmociones internas, pero un buen día sentirá el deseo de poner fin a su maniobra publicitaria. Descubrirá en sí mismo la necesidad de vivir su verdadero Yo y no tener que seguir ganándose ese amor que, en el fondo le deja con las manos vacías porque su objeto era ese falso Yo al que él mismo ha empezado a renunciar (pág.95).
Eso conlleva un largo camino de transformaciones (en el libro se habla del duelo), pero sin ellas el recorrido vital que todavía es posible, no será distinto del anterior; es decir, no proporcionará auténtica satisfacción.
Quien se anime a retomar a esta autora, verá qué más allá de ciertas ideas centrales que siempre están ahí; podemos llegar a ver nuevos matices, nuevas aportaciones que harán interesante su lectura.
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