Un grupo de personas nos encontrábamos trabajando sobre el tema de la vida y los sueños y llegábamos tras ello al tema de la muerte. Un compañero nos había contado su experiencia de un grave accidente ocurrido con el coche. Tres vueltas de campana; 15 segundos que había vivido como si fueran 2 horas; un tiempo en el que le pasaron por su mente, como en un sueño, un sin fin de imágenes de su vida; fotogramas de las personas, de los hechos, de los no hechos, que le infundían los más diferentes sentimientos.
No tuvo miedo y salió vivo de aquello, pero la vida a partir de entonces ya no fue del mismo modo. Vivía ya sin dejar de hacer aquello que sentía que era su labor, su deseo, su sentimiento. No dejaba nada para mañana sino que intentaba una y otra vez mantenerse bien presente en su presente. Acabó su relato diciendo que esperaba que la próxima vez que la muerte le rozase, la película de su vida le gustase, que se sintiera satisfecho con aquello que realizó, tal y como fue.
Acudí al cabo de unas semanas a las jornadas de psicomotricidad de Vitoria. Volvía a familiarizarme con los compañeros de formación y con el lenguaje de los ponentes, recuperando ese espíritu de nuestro trabajo, en el que se incluían cuerpo, emoción y pensamiento. Me sentía como en casa, relajada, escuchando, recibiendo. En un momento Mirta Hebe Chokler se refirió al niño, no sólo como protagonista de su acción, sino también como guionista, con la capacidad que da saber lo que uno desea protagonizar, llevar a cabo.
Me fui a casa con aquella película y en el camino en el coche, le di vueltas a esta idea. Me preguntaba cuál sería nuestro rol en la película del niño e imaginaba al bebé con sus necesidades en el mundo. El tema podría ser muy interesante y podría darnos para mucho debate. En un principio el niño me parecía siempre protagonista de su acción, y el adulto, padre, madre o educador, se colocaba primero de cámara, y luego de director o ayudante de dirección con él, según la escena.
Situarse permanentemente demasiado cerca, en su campo visual cuando estaba trabajando solo, ya condicionaba su acción por lo que la distancia era una cuestión muy importante, así como la observación y la escucha de aquello que el protagonista demandaba. Mirar y estar presente en la mirada, registrar las acciones, crear un ritmo, cortar escenas insoportables, ser un papel en blanco que recoge la historia del otro y se la cuenta.
También el adulto le elegía el elenco de personas que iban a acompañarle en estos primeros tiempos de rodaje; le proporcionaba el atrezzo, aquellos elementos que iba a necesitar y los primeros pocos escenarios en los que pudiera sentirse seguro y cómodo con aquello que ya conocía. Naturalmente daba por descontado que la producción en estos años era función de los padres.
A medida que el niño crece, va aprendiendo, tomando del entorno humano que le rodea las diferentes funciones que otros asumieron en un principio por él. Así se convierte poco a poco si las condiciones le favorecen (si tiene permiso para hacerlo o si no lo tiene, tomándoselo con la mala conciencia de oponerse a los otros) en su propio productor, director, protagonista y responsable de la elección de escenarios, elencos y atrezzos necesarios para su rodaje.
¿Y en qué consiste la película de cada cual? Seguramente en los propios sueños, en aquello que uno desea con toda su alma y muchas veces uno mismo se boicotea porque ha perdido confianza en las posibilidades de su realidad. Cuando veo a los niños con ese pensamiento mágico de soñar y tener la certeza de poder ver hecho realidad aquello que desean, me emociono intensamente. Comprendo entonces qué es lo que me impulsa una y otra vez a desear estar entre ellos, a aprender de ellos, a dar aquello que otros ya me dieron, y recibir contagiada por su emoción aquello que creo muchas veces en mí he perdido. Sé que todo esto es una buena parte de la película de mi vida y cuanto más la miro, más la comprendo, esperando poder sentirme satisfecha cuando finalice mi producción. Sé que cada una será diferente y todas tratarán temas comunes, universales.
Me he dado cuenta de que, por lo que sea, como en las películas, he empezado por el re-parto. El tema de los argumentos nos espera.
Silencio. Se rueda.
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