Mª José Intxausti nos ofrece un jugoso resumen de una publicación cuyo título no podría ser más sugerente para quienes trabajamos en psicomotricidad y en el mundo educativo, se trata de Investigación educativa y experiencia vivida de Max van Manen,
Es verdad que no a todas las personas les atrae de la misma manera pensar o reflexionar sobre los hechos que viven. Hay quien prefiere meterse de lleno en faena, incluso en faenas penosas, antes que ponerse a elucubrar. También creo que es cierto que esta desgana pensante puede estar ligada a que no siempre el esfuerzo que conlleva, se ve recompensado por alguna ventaja concreta e inmediata: ¿pensar para qué?
Esta apreciación, que presenta de una manera más o menos simplista a las personas segregadas según ejerzan o no su afición pensante, se acompaña de otra que creo que las reúne a todas, sin apenas diferencias, en un mismo bloque, en el cual las encontramos dedicadas a estas actividades: hablar, relatar, rememorar lo que les ha pasado, lo que han vivido. Somos contadores incansables, por supuesto con estilos bien diferenciados, intensidad variable y seleccionando los oyentes, pero necesitamos contar. Incluso si únicamente nos lo contamos a nosotros mismos.
Estas dos apreciaciones puede que, mejor desarrolladas, lleguen a ser interesantes o pueden simplemente acabar así, en lo que viene a ser un comentario sin más. El libro que os presento, Investigación educativa y experiencia vivida de Max van Manen, no sólo las desarrolla y las llega a hacer interesantes, sino que las convierte en ideas llenas de potencial para el mundo educativo. Sobre la vida que vivimos hablamos, pero sobre nuestro trabajo, también.
El trabajo en educación nos ofrece múltiples anécdotas, sucedidos, vivencias; curiosamente de todas ellas seleccionamos sólo algunas, o ellas nos seleccionan a nosotros. No pretendo que esto sea un juego de palabras. Pero no deja de ser misterioso, y por lo tanto interesante, darnos cuenta de que nuestra atención es selectiva y de que además normalmente gira en torno a una serie de temas más o menos estables. Aunque podríamos hacer una selección de centros de interés para todos los docentes, seguro que también podríamos hacer una segunda selección sobre cuáles interesan más a cada uno, y en esa segunda encontraríamos criterios y razones que nos presentarían una llamativa heterogeneidad.
Creo que cada persona hace un esfuerzo importante por tratar de entender algunas cuestiones en particular; sobre ellas vuelve una y otra vez, acumulando evidencias y argumentos. Vamos uniendo los hechos con un hilo de sentido para no perdernos, para tener una guía y también una sensación de continuidad que nos permita tener nuestra propia historia, en la que reconocernos.
Las cosas, cuando suceden, nos exigen dedicación; es más tarde cuando podemos dedicarles una atención pensante, al recordarlas, al rememorarlas. Esa dedicación nos puede aportar esa ampliación de sentido y, por lo tanto, servirnos de guía para cuando vuelvan a suceder, es decir, cuando de nuevo estemos atrapados en la acción.
Resulta muy satisfactorio cuando sentimos que nuestro margen de actuación, de acción, se ha ampliado de una manera “natural”, es decir, ya no tenemos que pensar cómo es la manera de hacer esto o aquello, ahora surge. Antes le hemos dado muchas vueltas, hemos pensado, recopilado reflexiones y estrategias y ahora está ya en nuestra manera de hacer. Repito mucho la palabra hacer porque Max van Manen reconoce que en esta eterna discusión entre la teoría y la práctica, la acción está primero y la teoría después aunque sus interconexiones son las que enriquece a ambas.
No resulta ninguna novedad hablar de la importancia de la reflexión en la educación, pero creo que sí es una novedad reconocer que su valor no está unido a una actividad intelectual abstracta, sino a la vivencia particular y concreta de cada docente. Mi reflexión está unida a mi acción, lo que conlleva aspectos personales con los que hay que ser cuidadoso.
Pero esta vinculación a la vivencia es lo que se convierte en un incentivo para la reflexión que tiene una gran potencialidad. Me interesa pensar sobre mi acción porque me va a servir a mí, porque va a tener efectos en mi manera de hacer. En este párrafo repito también el pronombre mí, porque creo que los docentes necesitamos con urgencia que nuestro trabajo no sólo nos exija dedicación y esfuerzo, sino que además nos enriquezca y nos incentive en lo personal.
Otro aspecto que quiero recuperar de este libro es el valor que en este recorrido tienen los otros; por un lado, porque son potenciales interlocutores, y por otro, porque representan la alteridad. Un buen interlocutor es una gran ayuda en esta difícil búsqueda del sentido, y otra experiencia diferente de la nuestra nos muestra el interés de la singularidad y el valor de la complementariedad. Dice este autor que es verdad que en esta época donde las influencias administrativas y tecnológicas han penetrado de manera intensa y profunda en nuestra vida y en el trabajo (también en el docente), hay que recordar qué es lo esencial, lo que conlleva un esfuerzo, pero también orienta y aclara.
Podemos encontrar a Max van Manen en la Universidad de Alberta (Canadá). Está vinculado a la Fenomenología y a la investigación cualitativa; ha escrito varios libros y en su página web, podemos encontrar, entre otras cosas, más referencias bibliográficas:
www.phenomenologyonline.com/max/index.html
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