Durante todo el día, ella deambulaba por la casa vacía. Allí afuera, el tiempo varía de un minuto a otro. Tan pronto el cielo es invadido por nubes sombrías de lluvia, como a ratos éstas son atravesadas por los rayos de un sol que nunca se da por vencido. Después de la lluvia viene el buen tiempo…
Se sienta frente a la pantalla, lentamente sus dedos toquetean el teclado. Poco a poco las letras se convierten en palabras, las palabras se convierten en frases, las frases se convierten en texto.
Un texto… La historia de recuerdos, de recuerdos de lluvia que ella quiere exorcizar a toda costa.
Ella busca… ¿Qué rodeos ha dado? ¿En qué encrucijadas se ha perdido? ¿En qué callejón sin salida se ha metido?
Pero, ¿en qué circunvalación de su alma se han encerrado?
Ella no puede ignorarlos más tiempo. ¿Es una cuestión de vida o muerte? Sí, una cuestión de vida… de su vida.
Este recuerdo se desembala como un paquete, un poco apresurada, ella tira del cordel. De un lado, luego del otro. Con un par de tijeras sería más fácil, pero ir a buscarlas llevaría demasiado tiempo. Ella está demasiado impaciente, es ahora, inmediatamente, cuando hace falta abrirlo. El cordel se resiste, ella no abandona fácilmente. Debe resignarse a utilizar las hojas afiladas de las tijeras y cortarlo.
Cortar, interrumpir.
Cada vez que el timbre de la tienda sonaba, su madre abandonaba todo muy rápidamente. La plancha caliente se queda sobre la mesa, la ropa se queda planchada a medias, esperará como la niña pequeña sentada en el taburete. Su madre se ha ido, ella se queda sola en la cocina.
La habitación no es muy grande, hay cuatro puertas, una por la que su madre desaparece y reaparece, la del comedor, la del jardín y finalmente la que da al salón. La pequeña mira al vacío. En este espacio cerrado, ella está sola, espera a su madre. ¿Volverá o no? Lo más difícil para ella, niña pequeña, es quedarse en la niebla.
En la cocina, hay una calefacción de gas; es sobre su placa de mármol negro donde su madre se sienta para recuperar calor entre cliente y cliente. También está la mesa sobre la que su abuela coloca el gran barreño de plástico amarillo para bañarle.
Es también en esta mesa donde elle termina sus cenas, sola, su exilio del comienzo de la velada.
Los demás están en el salón, mirando la televisión. A ella no le gusta comer su sándwich de cena. Eso les irrita, ya no saben qué hacer para que se rinda, para que haga lo que ellos quieren, lo que ellos han decidido. Ultimo descubrimiento, ¡el exilio temporal!
Pero ella ha encontrado un truco. La mesa de cuatro patas de metal hueco, y en sus extremos superiores unos orificios, por los que ella deja caer los mendrugos de pan. Es por que quiere acabar más rápido y poder reunirse con ellos delante de la pantalla.
¡El exilio, es demasiado penoso para una niña de ocho años! Ellos no lo han entendido.
De todas las puertas, ella prefiere la del jardín. Se escapa por ella en cuanto puede, para ir hacia el columpio.
¿Que idea tan genial has tenido, San Nicolás! Ella se sube, es grande, ve las cosas desde arriba.
Se cuelga boca abajo, ve el mundo al revés. Su cabello rubio acaricia el césped, se mezcla con la hierba. Pone sus manos sobre el suelo, suelta las piernas de la barra, hace el pino, se cae, rueda sobre la hierba. Topa con una hormiga, una mariquita. Esta se apresura sobre su mano, sobre su dedo. El pequeño caparazón rojo con motas negros se abre, el insecto abre sus finísimas alas y emprende su vuelo.
Ella se sienta sobre el asiento rojo de madera, se aferra con sus pequeñas manos a las dos cadenas gruesas. Empuja el asiento hacia atrás, se pone de puntillas, se aleja del suelo, el columpio se anima. Estira las piernas, las dobla, las vuelve a estirar, las dobla, rítmicamente. Coge velocidad, coge altura.
Siempre más rápido, más alto. Se mece y canta:
“Así como los reyes magos en Galilea seguirían la estrella del pastor…”
Sus pies se alzan hacia el cielo, va a emprender el vuelo… Y si soltara sus manos…
“Donde tú vayas, yo iré”
Suelta una mano
“Fiel como la sombra”
Suelta la otra mano
“Hasta llegar al destino…”
Salta ahora.
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