Bernard Aucouturier comentó en uno de sus encuentros que estaba comenzando a dejar maletas para que otros las llevaran, se ocuparan, revisaran y rebuscaran aquello que en sus muchos años de trabajo había ido encontrando en sucaminar. Una de ellas era la maleta de los cuentos y yo pensé que me gustaba especialmente esta maleta porque dentro viajaban los viajes emocionales, y esta paradoja me parecía fascinante.
Siempre me pareció que la verdadera magia de los cuentos surge cuando el cuento te cuenta, cuando es capaz de emocionar al que lo cuenta y al que lo escucha, cuando el cuento termina y el que escucha empieza a contárselo a sí mismo porque algo del cuento lo vive como suyo. Tengo pues una maleta de cuentos para mi andar y quiero enseñaros algo que he encontrado no hace mucho.
Hace unos meses conocí de mano de una enseñante navarra el kamishibai y me pareció que podía ser un buen recurso a utilizar en el momento del cuento de nuestras sesiones de psicomotricidad Educativa.
Kamishibai significa teatro de papel y es una forma de contar cuentos, muy popular en Japón. Suele estar dirigido a los niños pequeños que van a disfrutar de él en grupo. Está formado por un conjunto de láminas que tienen un dibujo en una cara y texto en la otra. Su contenido, generalmente en forma narrativa, puede referirse a un cuento o a algún contenido de aprendizaje. Como el texto está en la parte de atrás de las láminas, el kamishibai necesita un intérprete que lee el texto mientras los espectadores contemplan los dibujos. Los niños miran los dibujos a la vez que oyen el la voz del intérprete, aspecto importante para los niños menores de 4 años y para aquellos que tienen la dificultad de no poder esperar la imagen mientras escuchan.
La lectura del kamishibai se realiza colocando las láminas en orden en un soporte (teatrillo de tres puertas con forma de maleta) de cara al auditorio y deslizando una tras otra mientras se lee el texto. Este soporte ayuda a focalizar la mirada en el centro de la pantalla.
Las obras de kamishibai tocan temas y evocan sentimientos generales que están en consonancia con la edad de los niños a los que van dirigidos, como suele ocurrir con todos los cuentos tradicionales.
Los autores de kamishibai suelen expresar sus mensajes, tanto en los textos como en los dibujos, de forma concisa y precisa. Esta sencillez tan propia del estilo japonés es necesaria si se tiene en cuenta que se dirige a niños pequeños que lo van a ver a cierta distancia.
El número de personajes, humanos o animales, suele ser pequeño. Los textos son sencillos, claros y directos; historias simples, con frases cortas y formas verbales sencillas. No es como un libro de cuentos donde los sentimientos se describen con detalle. En el kamishibai apenas hay descripciones; se suplen con los dibujos y los diálogos.
Las láminas tienen los dibujos grandes y de trazos claros para poder ser vistas desde cierta distancia. No se dibujan detalles ni fondos complicados que pueden distraer. Las escenas son simples, procurando que causen cierto impacto. Los personajes deben resaltarse; mejor si están de cara a la audiencia y, en los casos que se considere oportuno, en movimiento. Todas estas condiciones están favoreciendo la identificación del niño con el protagonista y lo que le ocurre.
El uso de distintos planos en las láminas ayuda a crear diferentes efectos y sentimientos. En este sentido también son importantes los colores utilizados. La correspondencia entre los textos y los dibujos debe ser completa ya que la audiencia mira y escucha simultáneamente. El movimiento de las láminas (pueden salir por completo o parcialmente del soporte) hace balancear continuamente la atención y las emociones, entre la anticipación en lo que va a venir y la estabilidad en lo presente, favoreciendo la concentración en la historia.
Al interpretar un kamishibai se producen tres interacciones placenteras y compartidas: la de los espectadores entre sí, la de éstos con el intérprete, y entre ambos con el mensaje que el autor ha querido transmitir.
Los niños asisten en grupo a un evento en el que todos pueden reír con fuerza o gritar de miedo juntos. Esto les predispone a compartir los mismos sentimientos experimentando la sensación de grupo y el disfrute conjunto, y ayudándoles a distanciarse de su individualidad sin perderla. Dicho efecto puede ser incrementado por el intérprete adaptando su entonación, ritmo e incluso palabras al ambiente creado.
Otro de los aspectos más importantes del kamishibai es su interpretación. No basta con tener buenas obras; tan importante como la calidad de éstas es la manera de llevar a cabo su representación. El intérprete se coloca cerca del teatrillo, de cara al público y presenta la historia usando su voz. Su papel fundamental es conocer y conectar con el mundo de la historia y transmitirlo a la audiencia.
Es muy importante su voz, pero debe evitar ser el protagonista. Por ello no exagerará las diferentes voces de los protagonistas, ni añadirá excesivo efecto dramático en sus expresiones; el centro de atención debe estar en lo que se quiere comunicar. También debe estar muy atento a las expresiones y actitudes de los niños y adaptar a ellos su interpretación.
En mi opinión hay muchos aspectos interesantes en el kamishibai que van en la línea de nuestro trabajo en la sala de psicomotricidad educativa. Su utilización puede ayudarnos a crear esa distancia emocional que buscamos en el momento del cuento. Disponemos de un elemento que permite fijar la atención mejor pues ofrece al grupo una imagen más grande que la de un cuento, y además es fija y estable en un soporte que ayuda a focalizar la mirada sin que los niños dejen de vernos. Este teatrillo se presenta cerrado, abriendo las puertas ritualmente en el momento esperado (ritual de entrada), comenzando ya en la primera lámina con el principio de la historia, y terminando con el cierre de las puertas tras la lectura de la última lámina (ritual de salida).
Nos ofrece también un tipo de textos sencillos y dibujos donde lo esencial está desnudo sin distracción alguna.
La colocación espacial del psicomotricista, el teatrillo y los niños es interesante. El psicomotricista se coloca tras el teatrillo, de pie o sentado sin perder la mirada periférica del grupo. Puede leer el texto y las indicaciones con facilidad ya que están bien explicitadas, (textos fáciles de leer a distancia, a mayor emoción letra más grande, paréntesis describiendo cómo y cuánto pasar la lámina). No tiene que preocuparse de la visualización de la imagen y puede dedicarse de pleno a la comunicación verbal.
La historia queda entre ambos como un tercero, a cierta distancia de los niños que están juntos y la pueden ver sin dificultad, y a cierta distancia del psicomotricista que no la tiene consigo porque está en un soporte que está a su vez en una mesa. Es un tercero al que ambos miramos y que no nos impide vernos cuando queramos, permitiéndonos a nosotros y a los niños estar dentro de la historia cuando la mirada va al texto y/o a la imagen, y fuera de ella cuando la mirada se dirige a la persona.
En Navarra algunos centros escolares y bibliotecas conocen y utilizan este material (en euskera y castellano). Existe un sistema de préstamo y, aunque el volumen no es muy grande, poco a poco va incrementándose. Hay cuentos de Japón y otros de Europa, ya que las diferencias culturales hacen surgir temáticas también distintas, de ahí la riqueza de aprovechar otros recursos.
Os muestro un kamishibai japonés para que os hagáis un idea de lo que es, aunque lo ideal sería oírlo y verlo salir de su maleta. También hay una dirección de interés en euskera por si alguien se anima a viajar:
www.pnte.cfnavarra.es/eibz/liburutegia/katalogoa/kamishibai.htm
Se hace camino al andar. Buen viaje, pues.
El padre
de Junichi Yoda (basado en un cuento popular de Sumatra). Ilustrado por Seiichi Tabata y traducido al castellano por Sachi Azuma, Guillermo Herrero y Pilar Orús.
1- En una isla, muy, muy lejana, en el sur, vivía un espíritu maligno que se llamaba Mangaran Gurin Beku. Mangaran Gurin Beku vivía y se sentía muy solo. En esa isla tan al sur hacía mucho calor. Un buen día, Mangaran Gurin Beku, decidió ir a bañarse al río. (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
2- Al llegar al río se encontró con dos humanos: un padre con su hijo que jugaban chapoteando en el río y riendo felizmente. Mangaran Gurin Beku pensó: “A mí me gustaría ser el padre de ese niño y poder jugar así. ¡Si yo fuera padre ya no me sentiría tan solo! ¡Qué envidia me dan!” Se moría de envidia mirándoles y dijo: –- Uhmmmm! Sí, me convertiré en el padre de ese chico–. Así que Mangaran Gurin Beku se puso a recitar unas palabras mágicas: –ITARIAN, ITARINA, NINSA UTO…– (PASAR LENTAMENTE LA LÁMINA MIENTRAS SE REPITE “ITARINA, ITARINA, NINSA UTO…”)
3- ¡Oh! Mangaran Gurin Beku se fue convirtiendo poco a poco en el padre. ¡Fijaos! Mirad su cara, sus manos, sus piernas… ¡¡Son iguales!! MANGARAN GURIN BEKU: –¡Qué bien! Ya estoy listo– se dijo el espíritu maligno. Y llamó al chico. MANGARAN GURIN BEKU: –Hijo mío, ven, ven aquí conmigo–. (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
4- MANGARAN GURIN BEKU: –¡Venga, hijo! ¡Vamos a casa!– Y cogiendo la mano del niño se lo llevó andando rápidamente. NIÑO: –Padre, ¿por qué tanta prisa?– se quejó. MANGARAN GURIN BEKU: –Mmmm…, porque si no nos vamos rápido, puede seguirnos alguna persona mala–. El niño, pensando que Mangaran Gurin Beku era su padre, le dio la mano y se marchó con él. Cuando el verdadero padre salió del río, no vio a su hijo y se asustó. (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
5- PADRE: –¡Hijo! ¡Hijo mío! ¡Hijooo! Mi hijo no está, ¡ha desaparecido! ¡Hijo, hijo! ¿Dónde estás? ¡¡Hiiijooo!! ¿Dónde estás?– Siguió llamándolo, pero no obtuvo ninguna respuesta. El padre pensó que, tal vez, se había vuelto a casa sólo. Así que, gritando y llamando a su hijo a cada paso, se encaminó hacia su casa. (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
6 -Y de repente, vio a su hijo. Pero… ¿qué estaba pasando? Con el niño había otra persona, con la misma cara y la misma ropa que el padre cogiendo de la mano al niño. PADRE: –Hijo mío, ¿qué ha pasado? Llevo un buen rato buscándote– le dijo el padre. MANGARAN GURIN BEKU: –¿Qué dice ése? Hijo, mírame, yo soy tu verdadero padre– dijo Mangaran Gurin Beku. El pobre niño miraba a uno y a otro: …tenían la misma cara, la misma voz… ¡Todo igual! Estaba confundido, no sabía qué hacer. PADRE: –¡Yo soy tu verdadero padre!– le decía su padre. MANGARAN GURIN BEKU: –¡No, yo soy tu padre! – le decía el monstruo. Ambos insistían y comenzaron a discutir. Así que fueron a ver al rey de la isla para que hiciera justicia. (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
7 – El rey, tras oír el caso que le presentaban, mandó sacar el gran tambor que se usaba en las fiestas y señalándolo les dijo: REY: ¡Escuchad! Meted al niño dentro del tambor. Por turnos vais a subir a la montaña, cargando a la espalda el pesado tambor. Primero irás tú –dijo el rey señalando a Mangaran Gurin Beku–. (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
8 – ¡Un, dos, un, dos! ¡Arriba, arriba! Mangaran Gurin Beku, el malvado espíritu, se decía a sí mismo. MANGARAN GURIN BEKU: No puedo perder, tengo que ser el padre de este niño. ¡Un, dos, un, dos! ¡Arriba, arriba! Iba subiendo la montaña mientras sujetaba con fuerza el tambor. ¡Un, dos, un, dos! ¡Arriba, arriba! MANGARAN GURIN BEKU: ¡Todavía queda mucho para la cima! ¡Un, dos, un, dos! ¡Arriba, arriba! (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
9 – MANGARAN GURIN BEKU: ¡Aaayy! ¡Qué cansado estoy! –dijo Mangaran Gurin Beku al llegar a la cima–. ¡UHF! ¡Qué duro y cansado es ser padre! No me lo imaginaba así, ¡qué fastidio! Pero… bueno, peor es estar solo. Y echándose el tambor a la espalda volvió a bajar hasta donde estaba el rey. (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
10 – Entonces le tocó el turno al verdadero padre. ¡Un, dos, un, dos! ¡Arriba, arriba! PADRE: –¡No puedo perder! ¡No puedo permitir que ese espíritu maligno me gane!– se repetía el padre. – ¡Un, dos, un, dos! ¡Arriba, arriba! El padre aguantaba y se esforzaba todo lo que podía. PADRE: –¡Ay, qué duro! El tambor con mi hijo dentro pesa mucho, pero no puedo permitir que el falso padre se quede con mi hijo. ¡Ánimo! ¡Arriba, arriba! El padre siguió subiendo la montaña sin descanso. ¡Un, dos, un, dos! ¡Arriba, arriba! (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
11 – Al terminar su carrera el verdadero padre, el rey se acercó al niño, que ya había salido del tambor, y le preguntó: REY: Niño, ¿qué dijo el primer padre al subir la montaña? NIÑO: Que era agotador ser padre, que ¡qué fastidio! REY: Y el segundo, ¿qué dijo el segundo? NIÑO: Que iba a esforzarse, que no quería que el falso padre se quedase con su hijo; que… ¡Ánimo! REY: Comprendo. Ése es tu padre. El primero es el padre falso. ¡Arrestadlo inmediatamente! MANGARAN GURIN BEKU: ¡Horror, me han descubierto! (PASAR A LA LÁMINA SIGUIENTE)
12 – Mangaran Gurin Beku gritó y dando un gran salto se esfumó. Por fin, el niño pudo volver con su verdadero padre. Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.
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