{"id":7837,"date":"2008-06-01T10:08:00","date_gmt":"2008-06-01T09:08:00","guid":{"rendered":"https:\/\/luzaro.net\/revista\/articulo\/quiero-normas\/"},"modified":"2026-10-31T09:23:40","modified_gmt":"2026-10-31T08:23:40","slug":"quiero-normas","status":"publish","type":"cuaderno_articulo","link":"https:\/\/luzaro.net\/es\/revista\/articulo\/quiero-normas\/","title":{"rendered":"\u00a1Quiero normas!"},"content":{"rendered":"<p class=\"cdn-meta\">N\u00ba 35 \u00b7 Junio de 2008 \u00b7 pp. 39\u201343<\/p>\n<div class=\"cdn-sum\"><strong>Resumen.<\/strong> A partir de una experiencia como voluntario con un chico que ped\u00eda que se le pusieran normas y castigos, Javier Ocejo defiende que las normas dan a ni\u00f1as y ni\u00f1os un referente, seguridad afectiva y autorregulaci\u00f3n. Trata la importancia de que educadores y familias sean coherentes y de que los adultos asuman la autoridad, y explica por qu\u00e9 a veces no se respetan.<\/div>\n<div class=\"cdn-text\">\n<p>Hace unos a\u00f1os particip\u00e9 como voluntario en un proyecto socio-educativo con menores de edad de entre 6 y 11 a\u00f1os, pertenecientes a un barrio marginal. Recuerdo claramente una salida a patinar con un grupo de ni\u00f1os, alguno de los cuales se les pod\u00eda considerar como ni\u00f1os conflictivos.<\/p>\n<p>En ese d\u00eda en el que educadores y ni\u00f1os interactuaban en un marco muy deseado por los ni\u00f1os, el salir a divertirse. Un chico conocido por saltarse las normas, por su influencia en el grupo de iguales y su carisma, se enfad\u00f3 profundamente con un educador ante una negativa. Escenific\u00f3 una rabieta alej\u00e1ndose a un banco y maldiciendo. Para tratar de remediar la situaci\u00f3n y ante el enfado del chaval, otro educador se acerc\u00f3 a charlar con \u00e9l. Y aqu\u00ed ocurri\u00f3 lo sorprendente y que da pie a escribir este peque\u00f1o art\u00edculo. El ni\u00f1o en cuesti\u00f3n se quej\u00f3 de que siempre se sal\u00eda con la suya, de que no le castigaban y que no consegu\u00eda los mismos castigos que ten\u00edan los otros chicos cuando hac\u00eda algo mal.<\/p>\n<p>En ese momento nos dimos cuenta de que este ni\u00f1o nos estaba haciendo una petici\u00f3n que iba m\u00e1s all\u00e1 de una simple llamada de atenci\u00f3n. Nos gritaba, y nos gritaba con una sinceridad asoladora que quer\u00eda normas.<\/p>\n<p>Era algo desconcertante. \u00bfPor qu\u00e9 quer\u00eda un castigo? \u00bfCu\u00e1l era la raz\u00f3n \u00faltima de esta petici\u00f3n?<\/p>\n<p>Recuerdo que cuando estaba m\u00e1s calmado le hicimos una proposici\u00f3n y el ni\u00f1o quedo profundamente satisfecho. Se le avisar\u00eda cuando su comportamiento no fuera el adecuado, si insist\u00eda se le volver\u00eda a llamar la atenci\u00f3n y a la tercera se le impondr\u00eda un castigo convenido. Esto ya se hab\u00eda intentado anteriormente, pero ahora era distinto. Antes era el educador el que castigaba la conducta sin atender a las necesidades profundas del ni\u00f1o. Ahora, el ni\u00f1o hab\u00eda venido a donde nosotros, hab\u00edamos dialogado y llegado a un acuerdo. Con dialogar quiero decir que el chico fue acogido para que expresase su conflicto, sin amenazarle con nuestra gestualidad o actitud. Le est\u00e1bamos escuchando pero a la vez \u00e9ramos firmes en nuestros prop\u00f3sitos. Ten\u00eda que respetar las normas.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de este contrato y de la charla, intu\u00ed que lo que el ni\u00f1o ansiaba era tener un referente al que ajustar su comportamiento; quer\u00eda una br\u00fajula que le indicara el norte. Necesitaba un modelo claro para saber como actuar ante las situaciones que nos pone la vida. Constru\u00eda su mundo sin gu\u00eda, sin planos, con s\u00f3lo la direcci\u00f3n de sus deseos, le faltaban la referencias que los adultos transmitimos a trav\u00e9s de las reglas y sin estas todo aquel que comienza a vivir se siente perdido. Los ni\u00f1os interpretan y valoran las conductas observando a su alrededor, sus ojos se fijan en sus compa\u00f1eros de juego y en esos seres altos que parecen saberlo todo.<\/p>\n<p>Este ni\u00f1o ya sab\u00eda lo que era estar fuera de las normas, el que los otros ni\u00f1os le temiesen y el salirse con la suya. Pero esto ya no le resultaba gratificante: \u00bfQu\u00e9 podr\u00eda aportarle confinarse dentro de unas normas? Teoricemos sobre las posibilidades:<\/p>\n<p>Al principio se comportaba mal para buscar reconocimiento o conseguir lo que deseaba, pero lleg\u00f3 un momento en que ese mal comportamiento no lograba los resultados que \u00e9l quer\u00eda ya que las personas que interactuaban con \u00e9l lo dejaban como imposible. La petici\u00f3n del castigo le posibilitaba volver a ser tenido en cuenta, de volver a formar parte del grupo como uno m\u00e1s, de integrarse y ser valorado. Podr\u00edamos decir que ahora las normas eran como un refugio al que acud\u00eda en busca de protecci\u00f3n.<\/p>\n<p>El no saber c\u00f3mo hay que actuar o la desaprobaci\u00f3n del grupo de iguales o de las figuras de autoridad le creaba una ansiedad, sobre todo porque estas situaciones estaban siendo muy repetidas en el tiempo. Era una huida hacia delante en la que para reafirmarse necesitaba la confrontaci\u00f3n. Lo dif\u00edcil, tanto para el educador como para el ni\u00f1o, fue romper con la creencia de que \u00e9l ganaba en importancia en la medida que luchaba contra las personas adultas.<\/p>\n<p>El volver a respetar las normas por parte de este chico, adem\u00e1s de darle la posibilidad de ser reconocido y aceptado por el adulto le ayudaba a conquistar la afectividad de una forma correcta pues pasaba de una relaci\u00f3n basada en voces altas, imperativos, y malas caras a disfrutar de una relaci\u00f3n normalizada: con voces cari\u00f1osas, afectuosas y respetuosas por ambas partes. En ese momento, para el ni\u00f1o el respetar las normas supuso un reto a nivel personal ya que deb\u00eda pasar por el aro para conseguir esa afectividad que anhelaba y que ve\u00eda en las relaciones de los otros ni\u00f1os con los educadores.<\/p>\n<p>Los ni\u00f1os a partir de una edad est\u00e1n atentos a la comparaci\u00f3n de referentes normativos entre iguales. Enseguida indican al educador que tal actividad se le ha dejado hacer a \u201cmenganito\u201d y a ellos no, etc. Digamos que son muy sensibles a los tratos diferenciadores. Por eso es muy importante el prefijar una escala normativa con ellos. De este \u201ccontrato\u201d a dos partes nace una idea m\u00e1s ajustada de igualdad y no igualdad, base \u00e9sta para adquirir en el futuro una idea m\u00e1s compleja de justicia, empat\u00eda y facilitar la educaci\u00f3n en valores.<\/p>\n<p>La utilizaci\u00f3n de las normas posibilita tambi\u00e9n el inicio de la autorregulaci\u00f3n de los ni\u00f1os. Esto es as\u00ed porque el ni\u00f1o a partir de ahora tendr\u00e1 que luchar entre sus deseos y \u201clo correcto\u201d. Ya no vale s\u00f3lo su punto de vista sino que tiene que validarlo con algo externo que es el referente normativo. Tambi\u00e9n el obedecer las normas implica el diferir las gratificaciones inmediatas al romper la acci\u00f3n-reacci\u00f3n de los deseos que inducen a hacer algo de manera s\u00fabita, sin reflexionar. Este hecho permite la endoculturizaci\u00f3n de los ni\u00f1os en nuestro tipo de sociedad articulando sus conductas hacia la convivencia.<\/p>\n<p>Poco a poco, ellos mismos se van dando cuenta de que en las relaciones sociales toda comunicaci\u00f3n necesita respetar unas normas. Por ejemplo: no podemos comunicarnos sino respetamos los turnos de habla, o si agredimos a los dem\u00e1s. Creo que los ni\u00f1os entienden las normas, hasta que las interiorizan, como un trueque de realizar o inhibir determinadas conductas a cambio de la seguridad afectiva. Y digo afectiva ya que al decirles lo que pueden o no hacer ellos saben que nos estamos preocupando por ellos y que velamos por su seguridad porque les queremos. Seg\u00fan el psic\u00f3logo Javier Urra\u00b9: \u201cLos ni\u00f1os que hacen todo lo que quieren creen que no son importantes para sus padres\u201d.<\/p>\n<p>Lo que pueden hacer o no viene determinado por el desarrollo evolutivo del ni\u00f1o. Las normas se van instaurando desde el nacimiento, primero en forma de rutinas y despu\u00e9s atendiendo a las necesidades propias de cada etapa infantil. Ese saber conciliar las necesidades del ni\u00f1o y las exigencias sociales para la vida es el arte de educar.<\/p>\n<p>El deseo de los ni\u00f1os de agradar a los adultos, de querer y que les quieran les impulsa a mirar hacia ellos esperando un refrendo o una desaprobaci\u00f3n; es una continua pregunta: \u00bfMe sigues queriendo?, \u00bfLo hago bien?, \u00a1Mira lo que he hecho! Por eso hay que satisfacer este deseo profundo con gran responsabilidad; es fundamental que el ni\u00f1o vea que las personas significativas e importantes para \u00e9l utilizan y respetan las normas. Para lograr una coherencia educativa entonces no s\u00f3lo los educadores sino tambi\u00e9n los padres y la familia han de consensuar los referentes normativos ya que muchas veces nos encontramos con que los ni\u00f1os ajustan su comportamiento seg\u00fan las normas vigentes en cada contexto. Son santos en el colegio y endemoniados en casa o viceversa.<\/p>\n<p>El catedr\u00e1tico de filosof\u00eda Jos\u00e9 Antonio Marina\u00b2 cita en su libro Aprender a convivir al pediatra Brazelton: \u201cUn ni\u00f1o sin disciplina est\u00e1 a merced de su impulsividad\u201d, \u201csabe que es incapaz de controlarse y su angustia se dispara cuando su entorno no le controla\u201d. Tambi\u00e9n cita a la psicoanalista infantil Selma Fraiberg diciendo que un ni\u00f1o al que no se le detiene cuando \u00e9l sabe que deber\u00eda hacerse, piensa que su comportamiento no tiene importancia.<\/p>\n<p>Por otra parte el psiquiatra infantil Stanley I. Greenspan\u00b3 afirma: \u201cCon los l\u00edmites y las conversaciones, se le transmiten aspiraciones, objetivos y expectativas, todo lo cual le da seguridad.\u201d<\/p>\n<p>Con respecto a los ni\u00f1os, resumiendo podr\u00edamos decir que las normas sirven de modelos o de gu\u00edas de comportamiento que les aportan grandes ventajas afectivas puesto que al ce\u00f1irse a las normas son m\u00e1s aceptados por los adultos y por sus iguales. Pero para los padres y educadores estas normas significan la base para la educaci\u00f3n en valores y por lo tanto la regulaci\u00f3n de la libertad para ser m\u00e1s libres, en definitiva la mejor herramienta cultural que les podemos legar para poder vivir en una sociedad m\u00e1s justa, igualitaria y feliz.<\/p>\n<p>Nuestra tarea como maestros y padres es reconocer el gran esfuerzo de nuestros hijos para adaptarse a las normas, estas junto al reconocimiento personal proporcionan la seguridad emocional necesaria para lograr autonom\u00eda en el comportamiento. Todos sabemos que para ellos saberse que son buenos chicos les es motivo de orgullo y para eso deben saber claramente como comportarse.<\/p>\n<p>\u00bfY por qu\u00e9 no respetan las normas? Muchas veces los educadores o los padres solemos decir que lo hacen para llamar la atenci\u00f3n, desafiarnos o provocarnos. Esto es s\u00f3lo fijarse en los s\u00edntomas pues la emisi\u00f3n de tales conductas en ni\u00f1os sanos es la manifestaci\u00f3n de un conflicto interno entre el ajuste a la realidad y sus deseos. La forma en que dialogan con el mundo y la sociedad estos chicos \u201cmalos\u201d se est\u00e1 cristalizando err\u00f3neamente por un mal aprendizaje o por asimilar unas normas alejadas de los valores \u00e9ticos; adem\u00e1s quiz\u00e1s porque no hay en sus vidas un buen referente, una persona que les diga que hay unas normas, les explique con paciencia su utilidad, que hay que aceptarlas y como respetarlas. En definitiva adultos que se responsabilicen de ejercer la autoridad aceptando las producciones propias del ni\u00f1o.<\/p>\n<h3>Referencias bibliogr\u00e1ficas<\/h3>\n<p>1.- Urra, J. 2006. El peque\u00f1o dictador. Editorial La esfera de los libros.<\/p>\n<p>2.- Marina, J. A. 2006. Aprender a convivir. Editorial Ariel,<\/p>\n<p>3.- Brazelton, T. B. y Greenspan S. I. 2005. Las necesidades b\u00e1sicas de la infancia. Lo que cada ni\u00f1o o ni\u00f1a necesita para vivir, crecer y aprender. Editorial Gra\u00f3, colecci\u00f3n biblioteca de infantil,<\/p>\n<p>Otros libros consultados:<\/p>\n<p>Mifsud, T. (1985). El pensamiento de Jean Piaget sobre la psicolog\u00eda moral: presentaci\u00f3n cr\u00edtica. Editorial Limusa.<\/p>\n<p>Nora Rodr\u00edguez. \u00a1Qui\u00e9n manda aqu\u00ed! Educar a los hijos con una disciplina coherente y efectiva. 0 a 12 a\u00f1os. Editorial Juventud. Materia gris, 2005.<\/p>\n<p class=\"nota-edicion-digital\"><em>Nota de la edici\u00f3n digital: en el n\u00famero impreso este art\u00edculo incluye ilustraciones que no se reproducen aqu\u00ed. Pueden consultarse en el PDF del n\u00famero.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"cdn-bio\"><strong>Sobre Javier Ocejo.<\/strong> Javier Ocejo es educador de menores y ha participado en diversos proyectos socio-educativos de la Cruz Roja. En la actualidad se est\u00e1 formando como psicomotricista.<\/div>\n<div class=\"cdn-cite\"><strong>C\u00f3mo citar:<\/strong> Javier Ocejo (2008). \u00a1Quiero normas!. <em>Cuadernos de Psicomotricidad<\/em>, 35, pp. 39\u201343. Luzaro.<\/div>\n<div class=\"cdn-cta\"><strong>\u00bfTe interesa la formaci\u00f3n en psicomotricidad?<\/strong><br \/>Descubre los cursos de Luzaro. <a class=\"cdn-btn\" href=\"https:\/\/luzaro.net\/\">Ver formaci\u00f3n<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>A partir de una experiencia como voluntario con un chico que ped\u00eda que se le pusieran normas y castigos, Javier Ocejo defiende que las normas dan a ni\u00f1as y ni\u00f1os un referente, seguridad afectiva y autorregulaci\u00f3n. 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