{"id":7810,"date":"2005-06-01T10:08:00","date_gmt":"2005-06-01T09:08:00","guid":{"rendered":"https:\/\/luzaro.net\/revista\/articulo\/la-experiencia-maternal-de-un-padre\/"},"modified":"2026-10-31T09:23:28","modified_gmt":"2026-10-31T08:23:28","slug":"la-experiencia-maternal-de-un-padre","status":"publish","type":"cuaderno_articulo","link":"https:\/\/luzaro.net\/es\/revista\/articulo\/la-experiencia-maternal-de-un-padre\/","title":{"rendered":"La experiencia maternal de un padre"},"content":{"rendered":"<p class=\"cdn-meta\">N\u00ba 29 \u00b7 Junio de 2005 \u00b7 pp. 40\u201343<\/p>\n<div class=\"cdn-sum\"><strong>Resumen.<\/strong> Un padre cuenta en primera persona su experiencia de cuidado de su hija reci\u00e9n nacida: la frustraci\u00f3n de quedar excluido del parto, las tardes a solas con ella, y su \u00abinstinto maternal\u00bb. Defiende que la frontera entre tareas maternales y paternales es artificial, que el cuidado se sostiene en el deseo de tener al hijo y que los padres pueden mostrar su afecto sin prejuicios.<\/div>\n<div class=\"cdn-text\">\n<p>Creo que podr\u00eda decir, sin temor a equivocarme, que ser padre no es una tarea sencilla en el mundo en que vivimos. Y m\u00e1s a\u00fan, si entendemos por \u201cser padre\u201d algo distinto a lo habitual. Para no hablar en abstracto me referir\u00e9 a mi experiencia personal, hablando en primera persona.<\/p>\n<p>Mi tarea de padre comenz\u00f3 en la concepci\u00f3n de nuestra hija, con una participaci\u00f3n activa en el empe\u00f1o (si la memoria no me falla); sigui\u00f3 durante el embarazo, con una presencia activa en el seguimiento del mismo, asistiendo a todas las consultas m\u00e9dicas, a las ecograf\u00edas, leyendo libros, preguntando a los m\u00e9dicos, y siendo testigo privilegiado del proceso de expansi\u00f3n de la preciosa barriga que albergaba a nuestra criaturita. Aqu\u00ed es donde la cosa se empez\u00f3 a torcer: ten\u00eda muy claro que quer\u00eda tener un hijo, y este cambio en mi papel de actor a simple testigo presencial supuso una peque\u00f1a frustraci\u00f3n para mi af\u00e1n protagonista en el tema de la paternidad.<\/p>\n<p>Pero eso no era nada comparado con lo que estaba por venir: el parto, momento crucial del que me vi excluido por razones terap\u00e9uticas que no vienen al caso. Si algo ansiaba por entonces, por encima de todas las cosas, era presenciar la irrupci\u00f3n en este mundo de ese peque\u00f1o ser tan deseado. Pero no pudo ser, y me vi invadido por un sentimiento de frustraci\u00f3n absolutamente contraindicado para ayudar a superar la inevitable depresi\u00f3n post-parto de la principal implicada, la madre de la criatura. En resumen, que las primeras horas, o los primeros d\u00edas de nuestra experiencia como padres no pueden definirse como maravillosos.<\/p>\n<p>En cualquier caso, siendo optimista como soy, no tard\u00e9 en olvidarme de esos peque\u00f1os detalles negativos y, tras dejar plasmada mi frustraci\u00f3n en el papel, me centr\u00e9 en lo que de verdad me importaba: mi chica y nuestra hija.<\/p>\n<p>Tras el periodo de baja por maternidad, en el que su madre pasaba el d\u00eda completo con ella, lleg\u00f3 mi turno para ocuparme de la peque\u00f1a con intensidad, lo que no significa que hasta entonces no lo hubiera hecho de forma compartida. Por aquellas fechas yo acababa de cambiar de trabajo, y me propuse desde el principio salir pronto de la oficina y dedicarle todo el tiempo posible a Marta. A las cinco en punto dejaba de trabajar y me dirig\u00eda ansioso a recogerla de la guarder\u00eda para pasar la tarde juntos. Pase\u00e1bamos si el tiempo era bueno, o nos \u00edbamos a casa si hac\u00eda fr\u00edo. La mam\u00e1 de la criatura no ten\u00eda tantas facilidades en el trabajo, en cuanto a horario se refiere, as\u00ed que muchas tardes las compart\u00edamos Marta y yo en exclusiva, lo que no me aburr\u00eda en absoluto. Pronto llegaba la merienda y algo m\u00e1s tarde el ba\u00f1o, pero fuera lo que fuera lo que hici\u00e9ramos lo hac\u00edamos juntos d\u00eda tras d\u00eda.<\/p>\n<p>Yo no quer\u00eda nada m\u00e1s que eso: compartir mi tiempo con ella, observar cada nuevo gesto suyo, jugar con ella en la merienda, en el ba\u00f1o o en la cena, y contarle a mi chica cuando volv\u00eda de la oficina lo bien que lo hab\u00edamos pasado.<\/p>\n<p>Creo que puedo decir que durante esa etapa se desarroll\u00f3 en m\u00ed un \u201cinstinto maternal\u201d que no dejaba de sorprender a la gente de nuestro entorno.<\/p>\n<p>Recuerdo una an\u00e9cdota con unas compa\u00f1eras de mi trabajo anterior que vinieron a casa a conocer a la peque, a quienes ense\u00f1\u00e9 entusiasmado el armario de Marta con toda su ropa, min\u00fascula, colgada en unas mini-perchas tama\u00f1o beb\u00e9: no paraban de re\u00edr y comentar que estaba \u201catontado\u201d con mi hija. Estoy convencido de que el motivo del comentario se basaba m\u00e1s en el hecho de que fuera el padre quien ense\u00f1aba la ropa de su hija, en lugar de la madre, m\u00e1s que en el hecho en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Y efectivamente estaba \u201catontado\u201d. En contra de lo que tantas veces hab\u00eda visto a mi alrededor, yo reivindicaba mi derecho a cambiar el pa\u00f1al a mi hija, a prepararle y darle la comida o a jugar con ella durante el ba\u00f1o, largo y relajado. Y digo \u201cderecho\u201d porque nunca consider\u00e9 un deber ocuparme de esas tareas que habitualmente son asignadas a las madres&#8230;<\/p>\n<p>Obviamente, ignoro cu\u00e1l puede ser el sentimiento de una madre respecto a un ser que ha llevado dentro de s\u00ed durante meses, y que le ha provocado cambios impresionantes en su cuerpo, pero imagino que ese hecho en s\u00ed mismo supone un lazo irrompible. Nosotros, los padres, nunca podremos saber lo que es por mucho que hablemos de ello con nuestras parejas. Lo \u00fanico que s\u00e9 es que yo quer\u00eda estar con mi hija el mayor tiempo posible, y participar en todas esas cosas que conforman la vida de un beb\u00e9 de pocos meses.<\/p>\n<p>Pensando en ello ahora, casi quince a\u00f1os despu\u00e9s, puede que fuera un intento de luchar contra esa sensaci\u00f3n de actor secundario, o incluso de espectador, en la pel\u00edcula del parto de la que me vi excluido. En cualquier caso, tanto entonces como ahora pienso que la tarea del cuidado de los hijos no puede recaer en una parte de la pareja, y no veo mayores trabas biol\u00f3gicas para compartirlo todo, salvo el amamantamiento. S\u00f3lo hay una traba real: no desear hacerlo.<\/p>\n<p>Hecha esa salvedad, cualquier padre puede preparar un biber\u00f3n y d\u00e1rselo a su beb\u00e9, cambiarle el pa\u00f1al o jugar un buen rato en el ba\u00f1o haci\u00e9ndole pedorretas y caranto\u00f1as, buscando esa sonrisa gratificante. O al menos, cualquier padre que haya deseado ese hijo o hija desde el inicio, desde la concepci\u00f3n, como es mi caso.<\/p>\n<p>Si no recuerdo mal, creo que fui yo quien plante\u00f3 el deseo de tener un hijo, no mi pareja, y quiz\u00e1s ese hecho reforzase mi compromiso con la peque\u00f1aja que trajimos al mundo. Compromiso para lo bueno y para lo malo, para el placer y para el dolor, porque al igual que le daba el biber\u00f3n y jugaba con ella, le afeitaba la cabeza cuidadosamente para corregir el desaguisado que le hicieron en el hospital, o le perforaba la oreja para ponerle los pendientes, y aunque su llanto llegara muy dentro de m\u00ed, prefer\u00eda hacerlo yo que dejarlo en manos de otros&#8230;<\/p>\n<p>Partiendo de la base de que el hijo es fruto de un deseo, de una decisi\u00f3n, y no de una casualidad, es mucho m\u00e1s f\u00e1cil entender que ese deseo contin\u00fae m\u00e1s all\u00e1 del nacimiento, que se prolongue y se manifieste en la participaci\u00f3n diaria en todas las actividades posibles que afecten a tu beb\u00e9, que de esta forma es m\u00e1s parte de ti.<\/p>\n<p>Obviamente, se necesita una determinada visi\u00f3n del mundo para no anteponer los prejuicios sexistas a los deseos de cuidar de tu beb\u00e9, pero yo ah\u00ed lo he tenido f\u00e1cil: sin dudar en ning\u00fan momento que tanto mi madre como mi padre me han querido, el modelo que me ha marcado ha sido sin duda el de mi madre, basado en el cari\u00f1o, por contraposici\u00f3n al de mi padre, basado en la autoridad. Si me remonto a la generaci\u00f3n anterior, la de mis abuelos maternos, con los que pas\u00e9 todos los veranos de mi infancia, ese modelo se repite y lo recuerdo perfectamente: el cari\u00f1o de mi abuela ha dejado m\u00e1s poso que la autoridad de mi abuelo. Y al fin y al cabo, el ser humano da aquello que est\u00e1 acostumbrado a recibir.<\/p>\n<p>Por eso yo recuerdo la \u00e9poca en la que cuidaba de mi beb\u00e9 como una etapa de satisfacciones y placeres, sin que el hecho de preparar y dar biberones, o de cambiar pa\u00f1ales, supusiera para m\u00ed dudas o conflictos internos acerca de mi papel de \u201cpadre\u201d (y no de \u201cmadre\u201d), o incluso acerca de mi masculinidad. Las satisfacciones de las que hablo pueden parecer muy banales pero no lo eran, porque el hecho de que Marta ganara unos gramos en una semana ten\u00eda su importancia cuando hab\u00eda nacido a los siete meses y medio de gestaci\u00f3n, con s\u00f3lo dos kilos trescientos gramos de peso&#8230;<\/p>\n<p>No concibo un padre que afirme que quiere a su hija reci\u00e9n nacida y que a la vez se desentienda de su alimentaci\u00f3n por considerarlo una tarea maternal, salvo que los prejuicios predominen en su conducta por encima de sus deseos. Lo mismo podr\u00eda decir de llevar a la ni\u00f1a a las revisiones pedi\u00e1tricas, y de discutir con el pediatra que la hizo llorar por su falta de delicadeza a la hora de arrancarle el esparadrapo que le cubr\u00eda la hernia umbilical (puedo decir que en las posteriores visitas nos trat\u00f3 muy bien&#8230;).<\/p>\n<p>En definitiva, pienso que la habitual frontera que se establece entre tareas maternales y paternales es totalmente artificial, y limita nuestra capacidad (la de los padres) para mostrar nuestras emociones y nuestro afecto ante nuestros hijos, y todo por seguir jugando un papel estereotipado que no tiene ning\u00fan sentido en pleno siglo XXI. Estoy convencido que hay algunos padres que desear\u00edan saltarse esas \u201creglas del juego\u201d ya caducas, pero que no se atreven a hacerlo. Yo no digo que amar sea f\u00e1cil, pero s\u00ed me atrevo a afirmar que es gratificante. Hag\u00e1moslo.<\/p>\n<p class=\"nota-edicion-digital\"><em>Nota de la edici\u00f3n digital: en el n\u00famero impreso este art\u00edculo incluye una fotograf\u00eda que no se reproduce aqu\u00ed. Puede consultarse en el PDF del n\u00famero.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"cdn-bio\"><strong>Sobre Jes\u00fas Benito.<\/strong> Jes\u00fas Benito, padre (con experiencia) de dos hijos.<\/div>\n<div class=\"cdn-cite\"><strong>C\u00f3mo citar:<\/strong> Jes\u00fas Benito (2005). La experiencia maternal de un padre. <em>Cuadernos de Psicomotricidad<\/em>, 29, pp. 40\u201343. Luzaro.<\/div>\n<div class=\"cdn-cta\"><strong>\u00bfTe interesa la formaci\u00f3n en psicomotricidad?<\/strong><br \/>Descubre los cursos de Luzaro. <a class=\"cdn-btn\" href=\"https:\/\/luzaro.net\/\">Ver formaci\u00f3n<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un padre cuenta en primera persona su experiencia de cuidado de su hija reci\u00e9n nacida: la frustraci\u00f3n de quedar excluido del parto, las tardes a solas con ella, y su \u00abinstinto maternal\u00bb. 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