{"id":7796,"date":"2004-06-01T10:03:00","date_gmt":"2004-06-01T09:03:00","guid":{"rendered":"https:\/\/luzaro.net\/revista\/articulo\/el-tiempo-de-jugar-con-los-hijos\/"},"modified":"2026-10-31T09:23:21","modified_gmt":"2026-10-31T08:23:21","slug":"el-tiempo-de-jugar-con-los-hijos","status":"publish","type":"cuaderno_articulo","link":"https:\/\/luzaro.net\/es\/revista\/articulo\/el-tiempo-de-jugar-con-los-hijos\/","title":{"rendered":"El tiempo de jugar con los hijos\u2026 un tiempo para entender y para comprender"},"content":{"rendered":"<p class=\"cdn-meta\">N\u00ba 27 \u00b7 Junio de 2004 \u00b7 pp. 19\u201323<\/p>\n<div class=\"cdn-sum\"><strong>Resumen.<\/strong> Garc\u00eda reflexiona sobre el sentido del juego para el ni\u00f1o (espont\u00e1neo, no serio, flexible y divertido) y para el adulto, que lo ha \u00abprofesionalizado\u00bb, y sobre lo que madres y padres necesitan \u00abreparar\u00bb para ser compa\u00f1eros de juego competentes. Describe actitudes que favorecen el juego compartido (implicaci\u00f3n, ajuste, horizontalidad, no directividad, estilo ampliador, imaginaci\u00f3n) y defiende un \u00abtiempo para perder\u00bb con los hijos frente a la falta de tiempo.<\/div>\n<div class=\"cdn-text\">\n<h3>Introducci\u00f3n<\/h3>\n<p>En este art\u00edculo se proponen algunas reflexiones sobre el sentido y el valor del juego en el marco de la relaci\u00f3n padres-hijos.<\/p>\n<p>La vida familiar ofrece escenarios diversos para la relaci\u00f3n padres-hijos, y todos ellos suponen una oportunidad para la influencia educativa. Nos hemos interesado por un escenario particular, privilegiado para la interacci\u00f3n: el momento de juego. El juego constituye una experiencia interpsicol\u00f3gica de largo alcance y con consecuencias a largo plazo, relacionadas con todo aquello que no es juego. En este sentido, se ha relacionado el juego con el desarrollo de la exploraci\u00f3n, la creatividad, la soluci\u00f3n de problemas, el desarrollo del lenguaje, la comprensi\u00f3n de perspectivas y papeles sociales, etc. De manera especial, el juego padres-hijos se ha vinculado con variables como: la creatividad infantil, el tipo de apego, la regulaci\u00f3n y el control emocional, la competencia social, y la comprensi\u00f3n de las emociones ajenas. Consideramos que es esencial que los padres reconozcan la verdadera importancia del juego en el desarrollo infantil y que est\u00e9n disponibles para aceptar y compartir los juegos de sus hijos.<\/p>\n<h3>Sobre la significaci\u00f3n de jugar<\/h3>\n<p>Centraremos ahora nuestra reflexi\u00f3n sobre el sentido que el juego tiene para el ni\u00f1o y para el adulto (Caldwell 1986; Garc\u00eda, 2002). El juego para el ni\u00f1o es una actividad: a) espont\u00e1nea, con motivaci\u00f3n en s\u00ed misma; b) no seria, no condicionada por las exigencias del exterior, que permite situarse al ni\u00f1o en otras situaciones, otros roles, otros personajes, con una movilidad y una libertad que la realidad de la vida cotidiana no le permite; c) flexible en cuanto a las reglas; d) no literal, cubierta con dosis de fantas\u00eda e imaginaci\u00f3n; e) algo divertido, que no ha de hacer bien (\u201cs\u00f3lo estoy jugando\u201d), sin metas ni finalidades extr\u00ednsecas y, por ello, si toma tintes utilitarios o se convierte en un medio para conseguir un fin, pierde la atracci\u00f3n o el car\u00e1cter de juego; en la mente del ni\u00f1o el juego constituye una gran experiencia, un fin valioso en s\u00ed mismo.<\/p>\n<p>Al hacernos adultos el juego se transforma. El juego para el adulto: a) no es espont\u00e1neo, b) es serio, incluso llega a convertirse en un problema (\u201cle ha dado por jugar\u201d); c) no tiene flexibilidad, las reglas son muy precisas; d) es literal, apenas si hay dosis de fantas\u00eda; d) se ha de jugar muy bien, si no los jugadores son excluidos del juego, y e) no es divertido (los padres suelen \u201cacceder\u201d a jugar con los hijos si \u00e9stos les insisten o si el maestro\/psic\u00f3logo lo prescribe!).<\/p>\n<p>Hemos profesionalizado el juego al crecer y ha perdido las caracter\u00edsticas de flexibilidad, espontaneidad y diversi\u00f3n. Esto conduce a lo que Caldwell denomina \u201cla paradoja del juego\u201d: no sabemos jugar, pero como adultos \u201cense\u00f1amos\u201d a los ni\u00f1os a jugar. Estamos utilizando profesores equivocados, personas cuyo juego no es divertido. Si los padres desean ser jugadores competentes y atractivos para sus hijos, necesitan \u201creparar\u201d algunas cuestiones sobre sus concepciones y actitudes hacia el juego:<\/p>\n<p>&#8211; Valorar e implicarse en el \u201cjuego divergente\u201d. Los adultos tienden a jugar siempre con reglas, est\u00e1n s\u00f3lo orientados hacia un juego convergente. A menudo advierten a sus hijos, quiz\u00e1s demasiado peque\u00f1os para ello, de que juegan equivocadamente, no respetan las reglas del juego, etc.<\/p>\n<p>&#8211; Saber que no todos los juegos sirven para jugar como los ni\u00f1os entienden el juego. Los puzzles no sirven para jugar, con los puzzles se trabaja, igual que con un loto de palabras.<\/p>\n<p>&#8211; Aceptar que si los ni\u00f1os quieren jugar lo har\u00e1n, aunque sea sin sus padres, pero no contar\u00e1n con el est\u00edmulo social que les permite enriquecer su juego y permanecer en \u00e9l.<\/p>\n<p>&#8211; Saber que a los ni\u00f1os les gusta jugar con otros ni\u00f1os tanto como con los adultos, por tanto, deben propiciar situaciones para estos intercambios entre iguales.<\/p>\n<p>En la mente del adulto el juego tiende a ser un fin para conseguir otros objetivos, pero en la mente del ni\u00f1o el juego constituye un fin en s\u00ed mismo, una gran experiencia en s\u00ed misma beneficiosa. Es un aspecto que padres y educadores no debemos olvidar para imponer nuestra concepci\u00f3n adulta del juego, que tiende a imponerse por la gran presi\u00f3n que hoy existe sobre el desarrollo cognitivo. Conviene recordar que el placer de jugar en estas situaciones compartidas est\u00e1 en el origen y la esencia del desarrollo cognitivo y social.<\/p>\n<p>En este mismo sentido se ha expresado Leila Beckwith (1986) en su trabajo sobre la interacci\u00f3n padres-hijos y el desarrollo socio-emocional en la El actual \u00e9nfasis en las competencias hace que disminuya la implicaci\u00f3n de los padres en el juego social con sus hijos, en beneficio de la \u201cestimulaci\u00f3n educativa\u201d, y este hecho tiene como efecto enlentecer los procesos de aprendizaje de la regulaci\u00f3n afectiva y la comunicaci\u00f3n. Los ni\u00f1os son ahora, en cierto modo, m\u00e1s inteligentes, pero no est\u00e1 claro que este avance se haya extendido al aprendizaje social y afectivo. El juego social padres-hijos es relativamente infrecuente en los hogares y los padres presentan una gran divergencia en cuanto a su inclinaci\u00f3n a jugar, su repertorio de juegos y su sensibilidad a la hora de jugar. Estas diferencias reflejan adem\u00e1s el grado en que se atiende y se responde de manera sensible y contingente a las se\u00f1ales de los ni\u00f1os en otros contextos.<\/p>\n<p>Estamos de acuerdo con Bruno Bettelheim (1989) cuando afirma que los padres suelen motivar a sus hijos para que jueguen, pero rara vez perseveran en jugar con ellos. En general los padres se muestran m\u00e1s predispuestos a participar en juegos estructurados con sus hijos, pero no tanto en los juegos libres anteriores a esta etapa. Cuando los hijos tienen la edad de jugar al escondite, a casitas, a personajes fant\u00e1sticos&#8230; los padres pueden mostrarse tolerantes con estos juegos y les compran juguetes en relaci\u00f3n a ellos, pero esto no es suficiente, no si los padres no se comprometen emotivamente en estos juegos. Implicarse y participar es una condici\u00f3n para encontrar el sentido al juego del ni\u00f1o. Vivir la emoci\u00f3n de esconderse en la oscuridad para ser encontrado es tener un acceso m\u00e1s directo a las emociones del ni\u00f1o que juega al escondite. Cuando padres e hijos comparten estos juegos se crean lazos muy especiales, lazos que refuerzan la confianza en el adulto y le aseguran en la relaci\u00f3n (en un sentido profundo).<\/p>\n<p>La investigaci\u00f3n nos informa que la participaci\u00f3n de los ni\u00f1os en juegos de representaci\u00f3n de roles (juego socio-dram\u00e1tico) en el \u00e1mbito familiar (con padres o hermanos) se relaciona con una mejor comprensi\u00f3n posterior de los sentimientos ajenos. Parece que la naturaleza intensa de las relaciones familiares, combinada con la emoci\u00f3n inherente al juego de representaci\u00f3n, propicia un excelente terreno para el desarrollo de la comprensi\u00f3n social, especialmente en t\u00e9rminos de comprensi\u00f3n afectiva (Dunn y Brown, 1994).<\/p>\n<h3>El adulto como compa\u00f1ero de juego<\/h3>\n<p>Seg\u00fan nuestra propia revisi\u00f3n (Garc\u00eda, 2002) los aut\u00e9nticos beneficios del juego compartido padres-hijos se produce en la medida en que los participantes poseen la habilidad de afectarse mutuamente, de captar los matices emocionales de la situaci\u00f3n, los deseos e intereses del partenaire de juego, de articular expectativas y deseos y construir verdaderas transacciones bidireccionales. Desde esta perspectiva, cabe hablar de algunas actitudes y disposiciones parentales que propician este tipo de interacci\u00f3n:<\/p>\n<p>&#8211; Implicaci\u00f3n. Los ni\u00f1os se implican m\u00e1s con los padres m\u00e1s divertidos y m\u00e1s expresivos, que muestran afectos positivos durante la interacci\u00f3n con sus hijos.<\/p>\n<p>&#8211; Ajuste. La sensibilidad para mantener el grado \u00f3ptimo de activaci\u00f3n en los hijos. Las expresiones afectivas inadecuadas o desajustadas, por exceso o defecto, a las conductas de los hijos, tienen el efecto de invadir o confundir a los hijos, especialmente entre d\u00edadas del mismo sexo.<\/p>\n<p>&#8211; Horizontalidad. Los ni\u00f1os socialmente m\u00e1s competentes provienen de d\u00edadas padres-hijos caracterizadas por la horizontalidad en estas situaciones de juego (patr\u00f3n de relaci\u00f3n rec\u00edproco e igualitario en que se comparte el turno y el poder), m\u00e1s que por el dominio de uno sobre otro. Estudios sobre el juego padres-hijos de entre 6 y 12 a\u00f1os han mostrado que mientras los padres prefieren jugar a juegos organizados con sus hijos, los hijos prefieren \u201cjuegos de fantas\u00eda\u201d. Parece que cada cual tiende a jugar all\u00ed donde puede situarse con superioridad. La mayor virtud del juego familiar ocurre si se permite al ni\u00f1o participar en t\u00e9rminos de igualdad y de poder en relaci\u00f3n al adulto.<\/p>\n<p>&#8211; No directividad. Un adulto no directivo, que no roba la iniciativa al ni\u00f1o, que muestra sinton\u00eda con su actividad y facilita ayuda cuando se le solicita.<\/p>\n<p>&#8211; Estilo ampliador. Un adulto que sincroniza con las intenciones infantiles y ayuda a elaborarlas, es decir: a) interviene cuando ha captado la naturaleza de las intenciones del ni\u00f1o, y b) interviene para resolver problemas, incrementar la imaginaci\u00f3n y la creaci\u00f3n en el curso del juego: elaborar un tema, aportar novedades, disminuir repeticiones.<\/p>\n<p>&#8211; Imaginaci\u00f3n. Adultos que valoran el juego \u201cdivergente\u201d, que acceden a la concepci\u00f3n que el ni\u00f1o tiene del juego como algo: espont\u00e1neo, no serio, divertido, flexible y no literal, cubierto con dosis de fantas\u00eda e imaginaci\u00f3n, que no imponen la concepci\u00f3n adulta del juego.<\/p>\n<p>Padres y educadores vivimos hoy sumidos en la impresi\u00f3n subjetiva de falta de tiempo, falta de tiempo para compartir, falta de tiempo para comprender. Esta velocidad de escape en la que estamos sumergidos impone ritmos de comprensi\u00f3n en que domina la temporalidad de las decisiones r\u00e1pidas. El tiempo de jugar es un \u201ctiempo para perder\u201d, para compartir (y sustituir de vez en cuando a la televisi\u00f3n o al ordenador como nueva pareja que favorece la modalidad de goce en solitario), un tiempo que nos ayudar\u00e1 a comprender las demandas profundas y los deseos particulares de cada hijo\/alumno. Estamos de acuerdo con Tonucci (1997) cuando afirma que \u201cel tiempo perdido\u201d es el tiempo del ni\u00f1o, el de las experiencias, de la comparaci\u00f3n, de la expresi\u00f3n espont\u00e1nea, y este tiempo est\u00e1 desapareciendo y con \u00e9l su relaci\u00f3n con el placer. Somos conscientes que estas reflexiones requieren un an\u00e1lisis m\u00e1s profundo sobre el marco social en el que hoy habita la familia. Nuestro inter\u00e9s era s\u00f3lo estimular la reflexi\u00f3n y alguna que otra emoci\u00f3n.<\/p>\n<h3>Referencias<\/h3>\n<p>Beckwith, L. (1986). Parent-infant interaction and infants&#8217; social-emotional development. En A.W. Gottfried y C.C. Brown (Eds.), Play interactions. The contribution of play materials and parental envolvement to children&#8217;s development (pp. 279-292). Toronto: Lexington Books Johnson and Johnson.<\/p>\n<p>Bettelheim, B. (1989). No hay padres perfectos. Barcelona: Cr\u00edtica.<\/p>\n<p>Caldwell, B. (1986). The significance of parent-child interaction in children&#8217;s development En A.W. Gottfried y C.C.Brown (Eds.), Play interactions. The contribution of play materials and parental envolvement to children&#8217;s development (pp. 305-310). Toronto: Lexington Books Johnson and Johnson.<\/p>\n<p>Dunn, J. y Brown, J. (1994). Affect expressi\u00f3n in the family, children&#8217;s understanding of emotions, and their interactions with others. Merrill Palmer Quarterly, 40, 120-137.<\/p>\n<p>Garc\u00eda, M.D. (2002). Construcci\u00f3n de la actividad conjunta y traspaso de control en una situaci\u00f3n de juego interactivo padres-hijos. Tesis Doctoral. Universidad Rovira i Virgili. Tarragona.<\/p>\n<p>Tonucci, F. (1997). Qui t\u00e9 ganes, encara, de perdre el temps amb els infants? Apunts per a una pedagog\u00eda de la lentitud. Temps d&#8217;Educaci\u00f3, 17, 251-259.<\/p>\n<p class=\"nota-edicion-digital\"><em>Nota de la edici\u00f3n digital: en el n\u00famero impreso este art\u00edculo incluye una fotograf\u00eda que no se reproduce aqu\u00ed. Puede consultarse en el PDF del n\u00famero.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"cdn-bio\"><strong>Sobre Lola Garc\u00eda.<\/strong> Lola Garc\u00eda Olalla es profesora de psicolog\u00eda evolutiva y de la educaci\u00f3n y una de las coordinadoras del postgrado y master sobre Intervenci\u00f3n Psicomotriz en la Facultad de Psicolog\u00eda de la URV (Tarragona).<\/div>\n<div class=\"cdn-cite\"><strong>C\u00f3mo citar:<\/strong> Lola Garc\u00eda (2004). El tiempo de jugar con los hijos\u2026 un tiempo para entender y para comprender. <em>Cuadernos de Psicomotricidad<\/em>, 27, pp. 19\u201323. Luzaro.<\/div>\n<div class=\"cdn-cta\"><strong>\u00bfTe interesa la formaci\u00f3n en psicomotricidad?<\/strong><br \/>Descubre los cursos de Luzaro. <a class=\"cdn-btn\" href=\"https:\/\/luzaro.net\/\">Ver formaci\u00f3n<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Garc\u00eda reflexiona sobre el sentido del juego para el ni\u00f1o (espont\u00e1neo, no serio, flexible y divertido) y para el adulto, que lo ha \u00abprofesionalizado\u00bb, y sobre lo que madres y padres necesitan \u00abreparar\u00bb para ser compa\u00f1eros de juego competentes. 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