{"id":7791,"date":"2003-12-01T10:07:00","date_gmt":"2003-12-01T09:07:00","guid":{"rendered":"https:\/\/luzaro.net\/revista\/articulo\/el-amor-de-mi-hijo-un-espejo-de-placer\/"},"modified":"2026-10-31T09:23:18","modified_gmt":"2026-10-31T08:23:18","slug":"el-amor-de-mi-hijo-un-espejo-de-placer","status":"publish","type":"cuaderno_articulo","link":"https:\/\/luzaro.net\/es\/revista\/articulo\/el-amor-de-mi-hijo-un-espejo-de-placer\/","title":{"rendered":"El amor de mi hijo: Un espejo de placer"},"content":{"rendered":"<p class=\"cdn-meta\">N\u00ba 26 \u00b7 Diciembre de 2003 \u00b7 pp. 39\u201340<\/p>\n<div class=\"cdn-sum\"><strong>Resumen.<\/strong> Un padre cuenta, mediante un relato que envi\u00f3 como tarjeta de Navidad, c\u00f3mo vive el primer a\u00f1o de su hijo: el llanto, la exploraci\u00f3n, el gateo, el sue\u00f1o y la relaci\u00f3n con otras personas y ni\u00f1os. El placer del hijo le devuelve \u00abun espejo de placer\u00bb. Termina pregunt\u00e1ndose si la distancia que crey\u00f3 mantener con \u00abesos locos bajitos\u00bb durante tantos a\u00f1os fue real o una excusa.<\/div>\n<div class=\"cdn-text\">\n<p>A Fernando durante varios a\u00f1os le acompa\u00f1\u00f3 un pensamiento recurrente: tener un hijo. Ech\u00f3 monedas hacia atr\u00e1s en fuentes y monasterios, lanz\u00f3 piedras en el camino de Santiago, contempl\u00f3 estrellas fugaces, apag\u00f3 velas, y el \u201cpide un deseo\u201d siempre era el mismo: la aparici\u00f3n de un reto\u00f1o en su vida. Siendo agn\u00f3stico rez\u00f3 al todopoderoso; so\u00f1\u00f3 repetidamente que ya era padre pero los amaneceres desvanec\u00edan la ilusi\u00f3n. Un d\u00eda, el \u201cpredictor\u201d apareci\u00f3 con una rayita y un esbozo de otra; casi una cruz; una semana despu\u00e9s, por la ma\u00f1ana, el an\u00e1lisis de orina era negativo sumi\u00e9ndole en la tristeza y la desesperaci\u00f3n y, por la tarde \u00a1c\u00f3mo son las cosas de la vida! La anal\u00edtica de sangre indicaba positivo, pasando en el espacio de ocho horas del abatimiento total a un gozo indescriptible.<\/p>\n<p>Pasado un a\u00f1o del nacimiento de la criatura, en el auge del entusiasmo comparti\u00f3 su bienestar con la familia, amigos y compa\u00f1eros envi\u00e1ndoles a modo de tarjeta de Navidad este peque\u00f1o relato:<\/p>\n<p><em>Cuando lo vi por primera vez ten\u00eda los ojos abiertos como dos luceros. Pens\u00e9, dije -este ni\u00f1o se parece a m\u00ed- y estall\u00e9 en sollozos. No lo quise inmediatamente. Estaba yo extenuado, nervioso, expectante.<\/em><\/p>\n<p><em>Viv\u00ed los agobios propios de un padre primerizo, aunque fuera \u201cveterano de guerra\u201d. En esta vida siempre somos ininterrumpidamente veteranos y primerizos en algo.<\/em><\/p>\n<p><em>Hoy no me imagino la vida sin \u00e9l.<\/em><\/p>\n<p><em>No es que sea un s\u00e1dico pero una de las cosas que m\u00e1s me emociona actualmente es el llanto de mi hijo. Me emociona porque ese quejido, en ocasiones distante, me dice que existe. Esa vocecita, a veces intensa, a veces desmayada, es para m\u00ed la se\u00f1al inequ\u00edvoca de que est\u00e1 all\u00ed conmigo. Me induce a buscarlo, arroparlo, cogerlo y consolarlo, sentir su tibieza y percibir su mejilla contra la m\u00eda mirando de refil\u00f3n sus ojitos, inund\u00e1ndome de placer y apres\u00e1ndolo, estruj\u00e1ndolo, no dejando escapar esos momentos fugaces, aunque, hoy por hoy, repetidos.<\/em><\/p>\n<p><em>Se despierta y le acompa\u00f1a una especie de hipoton\u00eda, de abandono, que yo comparto invadi\u00e9ndome, penetr\u00e1ndome ese olor y calor que me evocan la ausencia de mimos compartidos. Poco despu\u00e9s, el tono se tensa, y empieza el descubrimiento del mundo: cabeza levantada, ojos curiosos y un brazo extendido que se ramifica hasta un dedito que se\u00f1ala con persistencia el objeto de su deseo. No es un deseo claro, sino disperso; esa exploraci\u00f3n del entorno se convierte s\u00fabitamente en la raz\u00f3n de su existencia: botones de TV y v\u00eddeo que apretar, cajones que abrir, cajones que vaciar y no llenar, interes\u00e1ndole todo salvo la pl\u00e9yade de juguetes que amigos y familiares le han regalado.<\/em><\/p>\n<p><em>Siempre hab\u00eda pensado y de alg\u00fan modo todav\u00eda lo creo que todo aquello lo que a un ni\u00f1o apetece es justamente lo que irrita, fastidia y machaca a los padres; sin duda, ello sigue siendo as\u00ed para m\u00ed: cuando llegas cansado, est\u00e1s acelerado, preocupado&#8230;; no obstante, su mirada curiosa, ese movimiento en busca del bot\u00f3n de la radio (hay varios botones y sabe exactamente cu\u00e1l hay que tocar), la aparici\u00f3n del ritmo al son de la m\u00fasica en su cuerpo, acompa\u00f1ado de una amplia sonrisa aten\u00faa mi fatiga, casi la desvanece, y su placer me transforma permiti\u00e9ndome devolverle un espejo de placer.<\/em><\/p>\n<p><em>No quiero pensar, aunque a veces lo haga, si est\u00e1 en la fase oral, anal&#8230; No me importa. Solo se que todo es susceptible de ser mordisqueado, aprehendido por una boquita en que seis dientecitos necesitan imperiosamente materia prima en la que dejar impresa las se\u00f1ales de la devoraci\u00f3n: puede ser cualquier comida excepto la que le corresponde -a veces tambi\u00e9n \u00e9sta-, bol\u00edgrafos, pelusillas, tel\u00e9fono, mando a distancia, revistas, escobilla del ba\u00f1o, pasta de dientes, absolutamente todo lo que est\u00e9 a su altura.<\/em><\/p>\n<p><em>Sus movimientos son otro foco de mi atenci\u00f3n. Ha reptado, subido, bajado y actualmente gatea a una velocidad que me se\u00f1ala, me indica un futuro velocista. Su padre lo fue: \u201cde tal palo tal astilla\u201d. Est\u00e1 a caballo entre un experto gateador y un pato mareado. Empieza a andar. Ese deseo de exploraci\u00f3n y aventura a trav\u00e9s de la vertical le dura poco; vuelve al suelo; ah\u00ed se siente seguro. Los rodeos que da a la mesa de mi despacho me sit\u00faan en una permanente esquizofrenia entre el fastidio que siento porque pierdo concentraci\u00f3n y el gozo de verle gozar dando vueltas y vueltas hasta que se detiene, extiende los brazos y me dice con sus manitas: -c\u00f3geme y acomp\u00e1\u00f1ame en este mundo misterioso lleno, repleto, inundado de objetos, espacios, tiempos que tocar, oler, romper y sentir.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfDormir? Hemos le\u00eddo libros sobre c\u00f3mo conciliar el sue\u00f1o. Yo, he llegado a una conclusi\u00f3n: si se lo pasa \u201cpipa\u201d, ha comido, mordido, explorado, si el viento de la ma\u00f1ana y la tarde le ha curtido esa piel de porcelana, le metes en la cuna, le tocas con un dedo, le dejas de tocar, llora un poco y se duerme. Lo he constatado repetidamente. Quiz\u00e1s no sea generalizable. Tambi\u00e9n hay d\u00edas, momentos circunstanciales, situaciones especiales: gases, dientes que pugnan por aparecer que nos indican un malestar.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfCon otras personas? Se va con todas a condici\u00f3n de que le den \u201cmarcha\u201d -c\u00f3gelo, si, ir\u00e1 contigo, a condici\u00f3n de que le acerques a un portal donde exista portero autom\u00e1tico y si es por la noche a el bot\u00f3n que le ilumina- tambi\u00e9n puedes optar por ense\u00f1arle tiendas luminosas, llenas de colorines, un perro desgarbado olisqueando una esquina&#8230;<\/em><\/p>\n<p><em>\u00bfCon otros ni\u00f1os? Pues depende del territorio \u00bfPasar\u00e1 como con los animales? En casa es atrevido, intercambiador de chupetes, y sobre todo est\u00e1 \u201ca su aire\u201d. En la calle est\u00e1 \u201ca su aire\u201d menos atrevidamente.<\/em><\/p>\n<p><em>\u00a1Y cuando asoma la cabecita al ras de la mesa, gimoteando, porque ama le ha dejado y se ha cansado de dar golpes a la puerta cerrada! Poco despu\u00e9s cesa en su llanto porque un objeto le acompa\u00f1a.<\/em><\/p>\n<p><em>Con mi hijo no tengo ninguna distancia.<\/em><\/p>\n<p><em>En esta \u00e9poca, en ocasiones, me pregunto, me cuestiono si con \u201cesos locos bajitos\u201d que me han acompa\u00f1ado durante tantos a\u00f1os la he tenido o si ha sido simplemente una excusa. Me lo pregunto entre el oto\u00f1o y el invierno de 2003.<\/em><\/p>\n<p class=\"nota-edicion-digital\"><em>Nota de la edici\u00f3n digital: en el n\u00famero impreso este art\u00edculo incluye una fotograf\u00eda que no se reproduce aqu\u00ed. Puede consultarse en el PDF del n\u00famero.<\/em><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"cdn-cite\"><strong>C\u00f3mo citar:<\/strong> Daniel Garmendia (2003). El amor de mi hijo: Un espejo de placer. <em>Cuadernos de Psicomotricidad<\/em>, 26, pp. 39\u201340. Luzaro.<\/div>\n<div class=\"cdn-cta\"><strong>\u00bfTe interesa la formaci\u00f3n en psicomotricidad?<\/strong><br \/>Descubre los cursos de Luzaro. <a class=\"cdn-btn\" href=\"https:\/\/luzaro.net\/\">Ver formaci\u00f3n<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un padre cuenta, mediante un relato que envi\u00f3 como tarjeta de Navidad, c\u00f3mo vive el primer a\u00f1o de su hijo: el llanto, la exploraci\u00f3n, el gateo, el sue\u00f1o y la relaci\u00f3n con otras personas y ni\u00f1os. El placer del hijo le devuelve \u00abun espejo de placer\u00bb. 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