{"id":7778,"date":"2003-06-01T10:02:00","date_gmt":"2003-06-01T09:02:00","guid":{"rendered":"https:\/\/luzaro.net\/revista\/articulo\/la-expresion-de-las-angustias-en-el-nino\/"},"modified":"2026-10-31T09:23:12","modified_gmt":"2026-10-31T08:23:12","slug":"la-expresion-de-las-angustias-en-el-nino","status":"publish","type":"cuaderno_articulo","link":"https:\/\/luzaro.net\/es\/revista\/articulo\/la-expresion-de-las-angustias-en-el-nino\/","title":{"rendered":"La expresi\u00f3n de las angustias en el ni\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p class=\"cdn-meta\">N\u00ba 25 \u00b7 Junio de 2003 \u00b7 pp. 16\u201322<\/p>\n<div class=\"cdn-sum\"><strong>Resumen.<\/strong> Aucouturier explica que la angustia, mecanismo del inconsciente, tiene tambi\u00e9n un aspecto positivo porque impulsa los procesos de reaseguraci\u00f3n y simbolizaci\u00f3n. Partiendo de las interacciones entre el beb\u00e9 y la madre y de los fantasmas de acci\u00f3n, describe las angustias arcaicas de p\u00e9rdida del cuerpo (de ca\u00edda, de disoluci\u00f3n y derramamiento, de rotura, de explosi\u00f3n y de despellejamiento). Concluye que hay que ayudar al ni\u00f1o a liberarse de la culpabilidad del placer de destruir, y lo ilustra con la historia del peque\u00f1o Ren\u00e9 y el lobo.<\/div>\n<div class=\"cdn-text\">\n<p>Mis palabras se van a centrar sobre la expresi\u00f3n de las angustias en el ni\u00f1o. Un discurso sobre las angustias y sus diversas expresiones en el ni\u00f1o es un discurso bastante complicado, lleno de meandros, es decir de contradicciones, porque toca el inconsciente. Y el inconsciente es un laberinto oscuro en el que existe el riesgo de perderse. La angustia es un mecanismo del inconsciente. Por eso, cualquier tentativa de clarificaci\u00f3n supone siempre asumir un riesgo, pues intentamos comprender lo incomprensible; la angustia es soberana, ella decide nuestros comportamientos, nuestras adaptaciones, nuestro acceso a la cultura, nuestro bienestar y nuestras alegr\u00edas; pero tambi\u00e9n decide nuestras inadaptaciones, nuestras enfermedades, nuestros sufrimientos, nuestro malestar y nuestros miedos.<\/p>\n<p>La angustia tiene una connotaci\u00f3n negativa. Es verdad que induce una patolog\u00eda bien som\u00e1tica o psicol\u00f3gica; pero el aspecto positivo de la angustia rara vez se pone en evidencia. En efecto, un grado de angustia genera en el ni\u00f1o la creaci\u00f3n de una din\u00e1mica de b\u00fasqueda, de un proceso de reaseguraci\u00f3n. Un grado de angustia abre la v\u00eda a los procesos de simbolizaci\u00f3n. Si no se crea esta din\u00e1mica, el ni\u00f1o se arriesga a los dolores de la somatizaci\u00f3n o al sufrimiento ps\u00edquico. Conocemos la angustia de la separaci\u00f3n con la madre, la angustia derivada de la castraci\u00f3n f\u00e1lica y las consecuencias para el proceso de identificaci\u00f3n secundaria y la identidad sexual. Pero existen angustias a\u00fan m\u00e1s precoces: son las angustias arcaicas de p\u00e9rdida del cuerpo, presentes durante los primeros meses y sobre las que voy a insistir pues son, en mi opini\u00f3n, la matriz de todas las angustias sucesivas.<\/p>\n<p>Para desarrollar la expresi\u00f3n de las angustias en el ni\u00f1o, estoy obligado a hacer un recorrido por el origen de la formaci\u00f3n de los primeros pensamientos en el ni\u00f1o, es decir, de los pensamientos inconscientes. Partiremos de las interacciones entre el beb\u00e9 y la madre. Estas interacciones provocan transformaciones corporales rec\u00edprocas. Estas transformaciones rec\u00edprocas se engraman en el cuerpo del beb\u00e9 como engramas de acci\u00f3n y de placer. Estos engramas de acci\u00f3n se confunden con acciones de la madre. La madre est\u00e1 en \u00e9l.<\/p>\n<p>En ausencia de la satisfacci\u00f3n de las necesidades, el ni\u00f1o representa los engramas de acci\u00f3n y el placer que les est\u00e1 asociado; por ejemplo: cuando chupa sus dedos. Estas representaciones de acci\u00f3n son el p\u00edvot de los fantasmas de acci\u00f3n, lo que permite al ni\u00f1o reencontrar a la madre por una acci\u00f3n ilusoria y as\u00ed auto asegurarse, esperar y anticipar su vuelta. El fantasma de acci\u00f3n es un deseo inconsciente de reencontrar y actuar sobre \u201cel objeto\u201d para apegarse a \u00e9l y despegarse. Los primeros fantasmas de acci\u00f3n se forman a partir del sexto-octavo mes, constituyen el primer estrato ps\u00edquico del beb\u00e9, del ser humano y forman lo que podr\u00edamos llamar el inconsciente originario, un inconsciente que no est\u00e1 sometido a la represi\u00f3n, la cual es mucho m\u00e1s tard\u00eda (hacia los 14-15 meses). Estos fantasmas de acci\u00f3n se refieren a las experiencias corporales de transformaci\u00f3n en relaci\u00f3n y m\u00e1s particularmente a las experiencias de interacci\u00f3n ligadas a la absorci\u00f3n, a la prensi\u00f3n, a la verticalidad, a la movilizaci\u00f3n del cuerpo en el espacio y a la expulsi\u00f3n. Yo preciso que los fantasmas de acci\u00f3n se caracterizan por su pulsionalidad: son violentos, s\u00e1dicos, persecutores, omnipresentes en el psiquismo naciente del ni\u00f1o peque\u00f1o. Por eso deben ser contenidos gracias a la calidad de la interrelaci\u00f3n y deben ser transformados en actos simb\u00f3licos, siempre sobre un fondo de placer.<\/p>\n<p>Vamos a partir de un ejemplo de fantasma de acci\u00f3n. El ni\u00f1o vive el fantasma de acci\u00f3n de incorporar, de devorar a su madre porque quiere guardar en \u00e9l lo que ama. Amar es comer. Comer es hacer desaparecer, es destruir, es reducir a la nada el objeto dentro de s\u00ed mismo. El ni\u00f1o proyecta sus fantasmas sobre la madre: la muerde para amarla, para guardarla, para incorporarla. Esquem\u00e1ticamente, existen dos reacciones por parte de la madre. O bien acepta este mordisco sin culpabilizar al ni\u00f1o; en ese caso ella juega la mordedura haciendo como si le mordiera por medio de los \u201cte voy a comer\u201d que son tambi\u00e9n los \u201cte quiero\u201d y as\u00ed haciendo como si le mordiera en un \u00e1rea de juego, inicia a su hijo en el registro simb\u00f3lico, y simult\u00e1neamente en la realidad, es decir, la realidad de preservar la integridad corporal de la madre. O bien la madre no acepta el mordisco: reprime, culpabiliza intensamente el placer de la devoraci\u00f3n. El ni\u00f1o se siente culpable de expresar sus fantasmas de devoraci\u00f3n, de destrucci\u00f3n del objeto de amor; el ni\u00f1o se siente culpable de amar. Est\u00e1 enfermo por amar y la \u00fanica soluci\u00f3n de actuar su fantasma de acci\u00f3n es destruyendo los fantasmas de acci\u00f3n que le unen a su madre. Cuando el ni\u00f1o destruye los fantasmas de acci\u00f3n que le unen a su madre, nace la angustia de p\u00e9rdida de la madre. La angustia es un mecanismo del inconsciente. Winnicott ha demostrado que mantener la culpabilidad sobre los fantasmas de devoraci\u00f3n y de destrucci\u00f3n tiene consecuencias aciagas pues mutila los fantasmas de acci\u00f3n, por tanto las capacidades imaginarias y creadoras del ni\u00f1o, su placer de hacer, e induce perturbaciones emocionales que le paralizan. Por otra parte la culpabilidad sostenida abre la puerta a las angustias arcaicas de p\u00e9rdida del cuerpo, que desestabilizan las funciones som\u00e1ticas.<\/p>\n<p>El ni\u00f1o no vive s\u00f3lo momentos agradables de placer que le permiten crearse fantasmas de acci\u00f3n. Su estado de inmadurez, de inconclusi\u00f3n, su impotencia y su estado de dependencia, hacen que en ciertos momentos viva experiencias dolorosas inevitables, asociadas a afectos de displacer. Estas experiencias dolorosas las engrama en su cuerpo como engramas dolorosos (engramas de \u201cinhibiacci\u00f3n\u201d) que bloquean los engramas de acci\u00f3n, limitan la producci\u00f3n de los fantasmas de acci\u00f3n, por tanto limitan la integraci\u00f3n somato-ps\u00edquica a su nivel m\u00e1s arcaico. Estos engramas dolorosos son el p\u00edvot de las angustias arcaicas de p\u00e9rdida del cuerpo: angustia de ca\u00edda, angustia de disoluci\u00f3n y de derramamiento, angustia de fractura, angustia de despellejamiento, angustia de explosi\u00f3n. Estas angustias nosotros las hemos vivido m\u00e1s o menos, pero la calidad de la envoltura que hemos recibido no ha dejado huellas de estas angustias, sino que ha permitido al beb\u00e9 utilizar con placer todos sus medios corporales maduros para evitar estas angustias e interactuar con \u00e9xito con el mundo exterior.<\/p>\n<p>Pensamos a este respecto, que el reflejo de Moro, el reflejo de prensi\u00f3n, el reflejo de succi\u00f3n, de acoplamiento que son reflejos de supervivencia, son utilizados por el ni\u00f1o peque\u00f1o durante los primeros meses para evitar las angustias arcaicas. Esto lleva a una nueva mirada sobre los reflejos motores del beb\u00e9 y su evoluci\u00f3n. Los reflejos, yo no los considero solo reflejos, pues el lactante los utiliza tambi\u00e9n como medios de reaseguraci\u00f3n muy arcaicos.<\/p>\n<p>Estos engramas dolorosos son tambi\u00e9n el p\u00edvot de las representaciones corporales, las somatizaciones, que crean disfuncionamientos de las funciones som\u00e1ticas maduras, tales como la funci\u00f3n de absorci\u00f3n y de evacuaci\u00f3n, despu\u00e9s la funci\u00f3n de prensi\u00f3n, del equilibrio, de la movilizaci\u00f3n del cuerpo en el espacio; somatizaciones que est\u00e1n siempre acompa\u00f1adas de afectos de displacer.<\/p>\n<p>Todos hemos vivido m\u00e1s o menos las angustias arcaicas, pero gracias a una envoltura protectora, las hemos podido superar f\u00e1cilmente. Winnicott\u00b9 ha sido uno de los primeros psicoanalistas en hacer referencia a estas angustias que nacen antes del sexto mes, periodo muy problem\u00e1tico para el lactante. Winnicott evoca acontecimientos afectivos dolorosos vividos por el lactante como amenazas de muerte engramadas en todo el cuerpo y que dejan huellas indelebles. Estas huellas dolorosas, al no tener un lugar ps\u00edquico, por ausencia de organizaci\u00f3n ps\u00edquica suficiente en este periodo de la vida, est\u00e1n en el origen de las angustias arcaicas de p\u00e9rdida del cuerpo. Winnicott evoca el concepto de temor al derrumbamiento (\u201cthe breakdown\u201d) descubierto a partir de la cura de ciertos pacientes. Para este \u00faltimo, el temor del derrumbamiento, es una agon\u00eda de la que nos defendemos todos, m\u00e1s o menos, pero que permanece invasora en ciertas patolog\u00edas psicol\u00f3gicas y Winnicott sostiene que la afecci\u00f3n psic\u00f3tica es una organizaci\u00f3n defensiva ligada a la agon\u00eda primitiva, que comprende el derrumbamiento y la identificaci\u00f3n del self unitario. Asimismo, \u00e9l asocia esta agon\u00eda primitiva al temor de la muerte, una muerte que tuvo lugar, pero que no ha sido experimentada y que tiene el sentido de un aniquilamiento. Se trata de una brecha imposible de cerrar, un abismo sin fin.<\/p>\n<p>Esta doble imagen de rotura y ca\u00edda est\u00e1 contenida en el t\u00e9rmino \u201cbreakdown\u201d debido a la inconsistencia, incluso la ausencia de un entorno favorable.<\/p>\n<p>En la misma l\u00ednea te\u00f3rica de Winnicott, las observaciones cl\u00ednicas de Esther Bick sobre las angustias catastr\u00f3ficas de desintegraci\u00f3n del lactante, son muy interesantes para el cl\u00ednico; as\u00ed mismo Frances Tustin\u00b2 sostiene en sus trabajos sobre el autismo psicogen\u00e9tico, la presencia de una c\u00e1psula de autismo en todos los pacientes fuertemente neurotizados; esta c\u00e1psula estar\u00eda constituida por fuertes angustias de terror primal.<\/p>\n<h3>La angustia de ca\u00edda<\/h3>\n<p>Los ni\u00f1os que no han sido bien sostenidos ni envueltos, corren el peligro de vivir el miedo a caer en el vac\u00edo. Aterrorizados por la angustia de ca\u00edda, se enganchan a cuerpo descubierto con sus \u201cventosas sensoriales\u201d (expresi\u00f3n de Esther Bick) para evitar caer en el infinito y sustraerse a la desintegraci\u00f3n. Ellos se contienen y se agarran. Se agarran a sus propios olores corporales, a ciertos sonidos, a ciertas m\u00fasicas, voces o ritmos, se agarran a ciertas fuentes luminosas, se agarran a la sensaciones de su cuerpo como las estimulaciones bucales, meti\u00e9ndose varios dedos en la boca o sosteniendo permanentemente objetos duros (alambres, llaves, juguetitos) o, incluso, aferr\u00e1ndose aut\u00e9nticamente a objetos que est\u00e1n solidamente sujetos. Paralizados por el miedo a caer en el vac\u00edo congelan sus menores afectos. Estos ni\u00f1os se confunden f\u00e1cilmente con las cat\u00e1strofes, con los edificios que se derrumban, los aparcamientos subterr\u00e1neos que se inundan, con los terremotos.<\/p>\n<h3>Las angustias de disoluci\u00f3n y derramamiento<\/h3>\n<p>Estas angustias han sido descritas por Frances Tustin. En ausencia de una envoltura bien constituida, que contengan los elementos l\u00edquidos y gaseosos del lactante durante los tres o cuatros primeros meses, \u00e9ste est\u00e1 invadido por angustias de licuaci\u00f3n y derramamiento sin fin. De esta manera se confunde con todo lo que se derrite, se vac\u00eda o se derrama: el agua del grifo, las cascadas, incluso se confunde con el aire y el viento.<\/p>\n<p>Estas angustias sustentan la ausencia de fronteras espaciales y temporales. Este ni\u00f1o no habita su cuerpo y puede conducirse como un robot.<\/p>\n<h3>La angustia de \u201crotura\u201d<\/h3>\n<p>Esta angustia descrita por una psicoanalista francesa, Genevi\u00e8ve Haag\u00b3 crea el pavor a estar cortado en dos mitades. El ni\u00f1o se sentir\u00eda abierto como una nuez cayendo en dos mitades. El ni\u00f1o busca reunirse, reunir los dos hemicuerpos por medio de brincos repetidos sobre los dos pies o bien golpea fuerte alternando un pie y otro pie, se re\u00fane golpeando las manos, por \u201caplausos\u201d, por contactos frecuentes de la espalda con las paredes verticales, golpea su espalda contra los muros. Por otra parte, estos ni\u00f1os en los que perdura la angustia de rotura, aprecian mucho las presiones sim\u00e9tricas sobre la espalda, que pueden despertar moment\u00e1neamente las sensaciones de uni\u00f3n de los hemicuerpos.<\/p>\n<h3>La angustia de explosi\u00f3n<\/h3>\n<p>Se manifiesta tanto por el miedo, miedo de explotar como por el miedo a todo lo que explota: los fuegos artificiales, los truenos, pero la guerra puede fascinarles.<\/p>\n<h3>La angustia de despellejamiento<\/h3>\n<p>Cuando la separaci\u00f3n entre la madre y el hijo se hace sin ninguna precauci\u00f3n, las partes del cuerpo del bebe corren peligro de ser arrastradas como amputaciones, como desgarramientos dolorosos, y este es el caso particularmente de la piel tan fr\u00e1gil, la piel herida del lactante que se acompa\u00f1a siempre de descargas emocionales dolorosas: lloros o estremecimientos. Esta agresi\u00f3n sobre el lugar de separaci\u00f3n con la madre puede dejar estigmas (las dermatitis), unidos a alteraciones respiratorias o circulatorias, de absorci\u00f3n o de termorregulaci\u00f3n. Observaremos entonces que este ni\u00f1o tiene siempre necesidad de cubrirse intensamente, por m\u00faltiples capas de ropa, que desvestirse ser\u00e1 siempre muy problem\u00e1tico y que los contactos de los tejidos sobre la piel ser\u00e1n vividos siempre con una cierta agresi\u00f3n; pero algunos ni\u00f1os pueden por el contrario buscar siempre la desnudez. El agua puede ser un medio muy apreciado en el cual el ni\u00f1o puede tambi\u00e9n perderse, disolverse como un trozo de az\u00facar en el agua y esparcirse sin l\u00edmites.<\/p>\n<p>Todos los ni\u00f1os que est\u00e1n bajo el dominio de las angustias arcaicas sufren, viven el miedo permanente a ser abandonados, dejados de lado, de ser agredidos, de ser destruidos. Todos estos ni\u00f1os viven un sufrimiento psicol\u00f3gico y afectivo porque tiene dificultades para construirse sus representaciones originarias, los fantasmas de acci\u00f3n que les permitan vivir la seguridad afectiva en la ausencia. Si queremos que el ni\u00f1o crezca, es importante que pueda superar las angustias arcaicas y los sufrimientos asociados a las pulsiones destructivas del objeto de amor. El placer de la destrucci\u00f3n en el ni\u00f1o peque\u00f1o es fundamental para la evoluci\u00f3n psicol\u00f3gica del mismo. Nosotros ense\u00f1aremos a los ni\u00f1os que los fantasmas destructores que aparecen sobre el plano simb\u00f3lico y en los juegos no son peligrosos y les mostraremos tambi\u00e9n que es posible liberarse de la culpabilidad del placer de destruir, por tanto de la angustia de p\u00e9rdida de la madre, en beneficio de otros placeres como el placer de actuar, de compartir los juegos, de crear y de comunicar.<\/p>\n<p>Mi conclusi\u00f3n se refiere a la angustia del miedo a la devoraci\u00f3n. Se trata de la historia del peque\u00f1o Ren\u00e9. Un d\u00eda el peque\u00f1o Ren\u00e9 se acerc\u00f3 corriendo a su pap\u00e1:<\/p>\n<p>&#8211; Pap\u00e1, pap\u00e1, tengo miedo, hay un lobo detr\u00e1s de la puerta y me va a comer.<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfHay un lobo detr\u00e1s de la puerta? Le responde su pap\u00e1.<\/p>\n<p>&#8211; S\u00ed, lo he visto.<\/p>\n<p>Tranquilamente su pap\u00e1 le responde:<\/p>\n<p>&#8211; Pero, \u00bfc\u00f3mo es el lobo?<\/p>\n<p>El peque\u00f1o Ren\u00e9 no responde y el pap\u00e1 contin\u00faa:<\/p>\n<p>&#8211; Ese lobo \u00bftiene las orejas grandes y peludas? \u00bftiene una lengua grande y roja?<\/p>\n<p>El ni\u00f1o se relaja<\/p>\n<p>&#8211; \u00bfTiene dientes grandes?<\/p>\n<p>El ni\u00f1o se lleva las manos a los ojos para no ver los dientes del lobo. El pap\u00e1 espera un poco.<\/p>\n<p>&#8211; Ese lobo \u00bftiene gafas? \u00bflleva pantalones? \u00bftiene zapatos?<\/p>\n<p>El ni\u00f1o se tranquiliza, se echa a re\u00edr y el pap\u00e1 le dice:<\/p>\n<p>&#8211; Ven, vamos a ver los dos juntos si el lobo est\u00e1 detr\u00e1s de la puerta.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o Ren\u00e9 le responde:<\/p>\n<p>&#8211; No, yo ya s\u00e9 que no hay ning\u00fan lobo detr\u00e1s de la puerta.<\/p>\n<p>Entonces con las manos en los bolsillos, se va cantando la canci\u00f3n del lobo feroz; la, la, la&#8230;<\/p>\n<h3>Notas<\/h3>\n<p>\u00b9 D. W. Winnicott, Jeu et R\u00e9alilt\u00e9, L&#8217; Espace potentiel, Ed. Gallimard, 1975.<\/p>\n<p>D. W. Winnicott, La crainte de l\u00e9ffondrement et autres situations cliniques. Ed. Gallimard, 2000<\/p>\n<p>\u00b2 Franc\u00e8s Tustin, Le trou noir de la Psych\u00e9, Ed. Du Seuil, 1989.<\/p>\n<p>\u00b3 Genevi\u00e8ve Haag. La m\u00e8re et le b\u00e9b\u00e9 dans les deux moiti\u00e9s du corps, in Neuropsychiatrie de l\u2019Enfance, 1986, 33<\/p>\n<p class=\"nota-edicion-digital\"><em>Nota de la edici\u00f3n digital: en el n\u00famero impreso este art\u00edculo incluye fotograf\u00edas que no se reproducen aqu\u00ed. Pueden consultarse en el PDF del n\u00famero.<\/em><\/p>\n<p>Traducci\u00f3n de Mary \u00c1ngeles Cremades<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"cdn-cite\"><strong>C\u00f3mo citar:<\/strong> Bernard Aucouturier (2003). La expresi\u00f3n de las angustias en el ni\u00f1o. <em>Cuadernos de Psicomotricidad<\/em>, 25, pp. 16\u201322. Luzaro.<\/div>\n<div class=\"cdn-cta\"><strong>\u00bfTe interesa la formaci\u00f3n en psicomotricidad?<\/strong><br \/>Descubre los cursos de Luzaro. <a class=\"cdn-btn\" href=\"https:\/\/luzaro.net\/\">Ver formaci\u00f3n<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Aucouturier explica que la angustia, mecanismo del inconsciente, tiene tambi\u00e9n un aspecto positivo porque impulsa los procesos de reaseguraci\u00f3n y simbolizaci\u00f3n. Partiendo de las interacciones entre el beb\u00e9 y la madre y de los fantasmas de acci\u00f3n, describe las angustias arcaicas de p\u00e9rdida del cuerpo (de ca\u00edda, de disoluci\u00f3n y derramamiento, de rotura, de explosi\u00f3n y de despellejamiento). 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