{"id":7615,"date":"2014-11-01T10:06:00","date_gmt":"2014-11-01T09:06:00","guid":{"rendered":"https:\/\/luzaro.net\/revista\/articulo\/no-ii\/"},"modified":"2026-10-18T09:16:39","modified_gmt":"2026-10-18T08:16:39","slug":"no-ii","status":"publish","type":"cuaderno_articulo","link":"https:\/\/luzaro.net\/es\/revista\/articulo\/no-ii\/","title":{"rendered":"\u00a1No! (II)"},"content":{"rendered":"<p class=\"cdn-meta\">N\u00ba 48 \u00b7 Noviembre de 2014 \u00b7 pp. 31\u201333<\/p>\n<div class=\"cdn-sum\"><strong>Resumen.<\/strong> Segunda parte de la serie. Reflexiona sobre el \u00abno\u00bb que se dice como rechazo a la relaci\u00f3n o al reconocimiento y sobre las consecuencias del miedo a ese rechazo en las estrategias con que ni\u00f1os y adultos reclaman contacto, comunicaci\u00f3n o relaci\u00f3n. Termina con una clasificaci\u00f3n de comportamientos.<\/div>\n<div class=\"cdn-text\">\n<p>En un art\u00edculo anterior, del mismo t\u00edtulo, hac\u00eda unas reflexiones, de las muchas posibles, en torno al \u201cno\u201d que se les dice a los ni\u00f1os como prohibici\u00f3n a su deseo de acci\u00f3n. En \u00e9ste quisiera hacer otras en torno a un \u201cno\u201d diferente; al no que se les dice como rechazo a la relaci\u00f3n o al reconocimiento. Soy consciente de que si bien esta distinci\u00f3n que hago entre el deseo de acci\u00f3n y el de relaci\u00f3n puede funcionar bien en el plano de las ideas, no es siempre f\u00e1cil hacerla en la pr\u00e1ctica.<\/p>\n<p>Concretamente, de lo que quiero hablar es de las consecuencias que trae el miedo a ese \u201cno\u201d, a ese rechazo. Consecuencias en cuanto a las estrategias que los ni\u00f1os y adultos iremos desarrollando y priorizando a la hora de reclamar un contacto, una comunicaci\u00f3n o una relaci\u00f3n con otra persona.<\/p>\n<p>Empiezo ilustrando el tema con un viejo chiste: un chico, durante el baile en la plaza del pueblo, se acerca a unas chicas que est\u00e1n sentadas en una esquina y le dice a la m\u00e1s guapa:<\/p>\n<p>-\u00bfBailas?<\/p>\n<p>-No- contesta ella casi sin mirarlo.<\/p>\n<p>-\u00bfY eso?- pide aclarar \u00e9l.<\/p>\n<p>-Eso es mi amiga y tampoco baila.<\/p>\n<p>Posiblemente la mayor parte de la gracia del chiste (en fin, a mi siempre me pareci\u00f3 gracioso) est\u00e9 en la forma tan lac\u00f3nica de definir el car\u00e1cter dominante y estirado de la chica que da un trato de objeto a su amiga menos agraciada y rechaza al mozo desde una posici\u00f3n insufriblemente narcis\u00edstica. Pero, yo lo cito aqu\u00ed porque siempre me he identificado m\u00e1s con la dolorosa frustraci\u00f3n del chico.<\/p>\n<p>Desde luego, esa dolorosa experiencia de rechazo a la petici\u00f3n directa de relaci\u00f3n o reconocimiento la hemos tenido todos, chicos y chicas, desde la m\u00e1s tierna infancia, nos acordemos de ellas o no. Y desde experiencias nada agradables como esa hemos ido desarrollando unos fin\u00edsimos y elaborad\u00edsimos mecanismos para protegernos de tal eventualidad sin, por ello, renunciar a abrirnos a las relaciones (bueno, en casos graves s\u00ed). Porque hemos aprendido que reclamar a alguien de forma directa puede ser emocionalmente muy expuesto.<\/p>\n<p>As\u00ed que, excepto que tengamos una gran confianza en la otra persona, lo m\u00e1s probable es que nuestra petici\u00f3n est\u00e9 enmascarada en comportamientos que la hagan m\u00e1s indirecta, tratando de obligar a esa otra persona a poner algo de su parte; algo que ayude en la formulaci\u00f3n de esa petici\u00f3n. Y, fijaos, que estoy hablando de lo que es previo a la relaci\u00f3n, al acuerdo, al establecimiento de la relaci\u00f3n. Estoy hablando del miedo que nos da solamente el pedirlo.<\/p>\n<p>Voy a tratar de ejemplificarlo. He tomado cinco comportamientos-tipo y los he clasificado de m\u00e1s a menos expuestos al en cuanto al da\u00f1o emocional que provoca. O, si prefiere, de menos a m\u00e1s defensivos.<\/p>\n<p><strong>1. Petici\u00f3n directa.<\/strong> Tenemos al chico del chiste que aborda a una desconocida proponi\u00e9ndole un contacto bastante personal, con una declaraci\u00f3n impl\u00edcita de que le gusta. Es el nivel m\u00e1ximo de exposici\u00f3n a una bofetada emocional. Decirle a otra persona que nos gusta, que la queremos, que quisi\u00e9ramos que nos acompa\u00f1e o nos de su reconocimiento, nos suele dar bastante v\u00e9rtigo y necesitamos un alto nivel de confianza (\u00bfen ella, en nosotros mismos?). El ni\u00f1o que se acerca a su maestra a ense\u00f1arle orgullosamente su dibujo y recibe una cr\u00edtica desde\u00f1osa, camina de vuelta a su pupitre tratando de arrancarse el pu\u00f1al de la espalda. As\u00ed es la vida. Aunque cabe preguntarse si deber\u00eda ser as\u00ed.<\/p>\n<p><strong>2. Petici\u00f3n indirecta. <\/strong>Estamos ante el primer nivel de rodeo, el primer nivel defensivo; mostramos claramente nuestro deseo pero evitamos decirle al otro lo que esperamos que haga. Simplemente, le ponemos en bandeja que lo acepte de forma t\u00e1cita. As\u00ed, nuestro chico del chiste podr\u00eda sentarse junto las chicas y, como quien no quiere la cosa, soltar: \u201cEsta es una canci\u00f3n estupenda. A mi me encanta bailarla\u201d. Y esperar a que la chica d\u00e9 otro (un) paso que le anime a seguir con la propuesta de bailar juntos.<\/p>\n<p>Y el ni\u00f1o del dibujo podr\u00eda decirle a la maestra: \u201cHe hecho este dibujo, pero no s\u00e9 si me ha salido muy bien\u201d. A ver si se apiada de \u00e9l y le devuelve un juicio positivo. Es una estrategia que conoc\u00e9is \u00bfverdad?<\/p>\n<p><strong>3. Seducci\u00f3n.<\/strong> Qu\u00e9 os voy a contar de la fuerza de una sonrisa, un halago, una ca\u00edda de ojos, unas miraditas,&#8230; Son se\u00f1ales con las que no parece que se est\u00e9 pidiendo nada concreto. Pero quien env\u00eda el mensaje espera otro mensaje parecido de vuelta para ir aumentando el compromiso del siguiente. Hasta acabar pidiendo baile, por ejemplo.<\/p>\n<p>Si no se recibe una respuesta animosa uno siempre puede retirarse sin haberse expuesto mucho, sin haber recibido un expl\u00edcito \u201cno\u201d.<\/p>\n<p><strong>4. Provocaci\u00f3n.<\/strong> La seducci\u00f3n tiene la pega de que el destinatario puede no responder, bien porque no se ha enterado o bien porque se hace el sueco. Con la provocaci\u00f3n podemos evitar en gran medida este contratiempo y obligarle a responder.<\/p>\n<p>Es verdad que, en general, se espera que conteste con otra provocaci\u00f3n pero, si se sabe medir, el comienzo de una relaci\u00f3n est\u00e1 casi asegurado con una baj\u00edsima exposici\u00f3n al rechazo, pues, aunque s\u00f3lo sea en la forma, el rechazo medido es lo que se espera a priori. Es decir, que no parece una relaci\u00f3n muy prometedora, pero se ha roto el hielo y si la respuesta no es demasiado brusca o desabrida se podr\u00e1 reconducir, poco a poco, a algo m\u00e1s amigable.<\/p>\n<p>Nuestro chico del baile la utilizar\u00eda, por ejemplo, tir\u00e1ndole palomitas de ma\u00edz a la chica o acerc\u00e1ndose a ella cuando estuviera bailando sola y provoc\u00e1ndola con peque\u00f1os choques de cadera.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s siempre se puede, dentro de la relaci\u00f3n, volver a recurrir a la provocaci\u00f3n con humor, haciendo de la necesidad virtud, convirtiendo la provocaci\u00f3n en seducci\u00f3n. Si no se sabe hacer as\u00ed la provocaci\u00f3n puede ser muy cansina o tener un pie en el siguiente nivel: la agresi\u00f3n.<\/p>\n<p><strong>5. Agresi\u00f3n.<\/strong> Es una actitud muy defensiva (ya se sabe; la mejor defensa un buen ataque) y asegura casi al cien por cien una respuesta del destinatario. Cierto es que, si el objetivo es buscar una relaci\u00f3n y un reconocimiento, este comportamiento puede calificarse de perverso, pues sus efectos parecen contrarios al objetivo buscado. Ya que, a nadie se le escapa, que la respuesta ser\u00e1, casi siempre, otra agresi\u00f3n de vuelta y la relaci\u00f3n tiene pocos visos de continuar de forma positiva.<\/p>\n<p>As\u00ed que esta es una estrategia de personas bastante perturbadas. Normalmente, personas tan asustadas ante un rechazo que van y lo provocan ellas de esta manera supuestamente controlada. \u00bfTiene alg\u00fan sentido? Solo el que ofrecen la incapacidad, la imposibilidad, el miedo y el sufrimiento de las personas muy inseguras. Y no quiero decir con esto que todas las personas inseguras y sufrientes vayan a utilizar la agresi\u00f3n como forma de relaci\u00f3n privilegiada, ni que toda agresi\u00f3n tenga como objetivo el establecimiento de una relaci\u00f3n.Nuestro chico del baile ser\u00eda, pues, un pobre chico muy defensivo, quiz\u00e1 muy gallo y machito, cuyo deseo por las chicas le produce fuertes emociones de miedo, culpabilidad o verg\u00fcenza a la vez que excitaci\u00f3n, que no sabe gestionar, y anda detr\u00e1s de la chica insult\u00e1ndola, despreci\u00e1ndola o, directamente, peg\u00e1ndola. Mal pron\u00f3stico.<\/p>\n<p>Los maestros conocen bien a esos otros chicos que provocan todo tipo de rupturas en la din\u00e1mica de la clase; desde comentarios en voz alta a insultos y agresiones f\u00edsicas. Cuando el maestro mira hacia el lugar del esc\u00e1ndalo, lo primero que ve son los ojos del ni\u00f1o clavados en los suyos. No se oculta, no disimula, porque lo ha hecho para \u00e9l, para conseguir de \u00e9l, aunque de esa manera perversa, la atenci\u00f3n y el reconocimiento. En \u00faltima instancia, el amor.<\/p>\n<p>Educadores y terapeutas debemos prestar especial atenci\u00f3n a la agresi\u00f3n como forma de relaci\u00f3n y evitar responder en el mismo nivel, pues esto no har\u00e1 m\u00e1s que fijar esta estrategia y culpabilizar al individuo. Dif\u00edcil, \u00bfno? Pues, desde la psicomotricidad tenemos una respuesta bastante buena: jugarla.<\/p>\n<p><strong>5 bis. Inhibici\u00f3n.<\/strong> La llamamos \u201cla otra cara de la agresi\u00f3n\u201d. Posiblemente m\u00e1s defensiva que aquella porque si el agresor, al menos, busca la relaci\u00f3n, el inhibido pone en marcha una estrategia de norelaci\u00f3n. Aunque en su fantas\u00eda siempre estar\u00e1 \u201cque alguien se me acerque y me rescate\u201d. \u00bfHas estado alguna vez en una fiesta en la que todo el mundo parece pas\u00e1rselo fenomenal y t\u00fa est\u00e1s sin poder entrar en ning\u00fan c\u00edrculo e inspeccionas interesad\u00edsimo la decoraci\u00f3n del ambiente?<\/p>\n<p>Estos ni\u00f1os (en un gran porcentaje, ni\u00f1as) lo tienen m\u00e1s dif\u00edcil en las escuelas; profesores y compa\u00f1eros se \u201colvidan\u201d de ellos. Parecen no necesitar nada pues nada piden, pero su sufrimiento es grande. Los adultos que se encargan de ellos deben prestar una atenci\u00f3n y esfuerzo extra por prepararles ambientes inclusivos (no para atosigarles).<\/p>\n<p>Para terminar, una cosa sobre la clasificaci\u00f3n. Una clasificaci\u00f3n no es un reflejo objetivo y preciso de la realidad sino, tan s\u00f3lo, una forma propiamente humana (de nuestra forma de procesar datos) de crear conocimiento, de tratar de aprehender la realidad. Pero la realidad se resiste a amoldarse a nuestras necesidades y siempre nos sorprende, salt\u00e1ndose nuestros intentos de restringirla a cajones, presentando formas intermedias, mixtas o solapadas que desdibujan las fronteras. As\u00ed que, pensad en esta clasificaci\u00f3n m\u00e1s como una gu\u00eda que presenta un conjunto graduado, continuo, no discreto, de comportamientos a los que podr\u00e9is a\u00f1adir ejemplos y contraejemplos.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"cdn-bio\"><strong>Sobre Ion Arana.<\/strong> Maestro. Psicopedagogo. Terapeuta Psicomotor en el Centro de Psicomotricidad Kiribil.<\/div>\n<div class=\"cdn-cite\"><strong>C\u00f3mo citar:<\/strong> Ion Arana (2014). \u00a1No! (II). <em>Cuadernos de Psicomotricidad<\/em>, 48, pp. 31\u201333. Luzaro.<\/div>\n<div class=\"cdn-cta\"><strong>\u00bfTe interesa la formaci\u00f3n en psicomotricidad?<\/strong><br \/>Descubre los cursos de Luzaro. <a class=\"cdn-btn\" href=\"https:\/\/luzaro.net\/\">Ver formaci\u00f3n<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Segunda parte de la serie. Reflexiona sobre el \u00abno\u00bb que se dice como rechazo a la relaci\u00f3n o al reconocimiento y sobre las consecuencias del miedo a ese rechazo en las estrategias con que ni\u00f1os y adultos reclaman contacto, comunicaci\u00f3n o relaci\u00f3n. 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