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Asistimos a tiempos en los que las dudas y la fragilización del ser humano son constantes. Cada vez tenemos más noticias sobre lo que sucede en el mundo, de manera que asistimos a todo tipo de calamidades, guerras, injusticias, crisis ambientales, socio-económicas, políticas… que se nos amontonan sin apenas tiempo de digerirlas ni de poder tener una postura al respecto.

Esta dinámica desenfrenada en su ritmo y cantidad de acontecimientos, nos hace vivir una situación llena de amenazas a nuestra seguridad y estabilidad, como sociedad y como individuos.

Los efectos de esta sensación de precariedad se convierten en una sensación de estar amenazados, en constante peligro de perder nuestra estabilidad.

Y cuando el ser humano se siente en riesgo, amenazado, desarrolla actitudes reactivas de defensa, basadas en la huida, el refugiarse en “burbujas” o “bunkers”; paralizarse o bloquearse, quedándose sin recursos ni capacidad de actuar; o contra-atacando y desarrollando reacciones de “venganza”, de “atacar en defensa propia”.

Todo esto nos lleva al campo educativo y nos plantea la necesidad de construir sistemas formativos de los profesionales que fortalezcan su posición de “adultos educadores” en este mundo acelerado, imprevisible y amenazado.

La formación en práctica psicomotriz que desarrollamos en Luzaro se basa en que la persona del profesional desarrolle actitudes y conocimientos, que le permitan tener una mirada “empática y des-centrada” sobre el niño, su desarrollo y sus acciones, movimientos y juegos.

Se trata de formar-se para poder estar en suficiente disponibilidad tónica y psico-afectiva, que permita “escuchar” lo que las niñas y niños expresan cuando actúan, juegan y se mueven, canalizando de forma adecuada las propias “resonancias emocionales” que podrían obstaculizar dicha escucha.

Educadoras y educadores con suficientes herramientas personales y profesionales para contener, sostener y canalizar las intensas maneras de ser y estar en el mundo de las niñas y niños pequeñ@s, especialmente en estos momentos de fragilidad y desorientación.

La práctica psicomotriz educativa y su herramienta pedagógica, la sesión de psicomotricidad, son unos medios muy interesantes para poder construir recursos que acompañen el desarrollo de las niñas y niños actuales como sujetos responsables de sus propios procesos de aprendizaje y socialización, desde la no directividad y la creación de un ambiente suficientemente seguro y estructurado.

La fuerza del contexto creado en las sesiones de psicomotricidad, en donde las niñas y niños pueden acceder al mundo del juego y el “como si” de una manera suficientemente segura, abre muchas posibilidades de transformación y evolución en el desarrollo infantil, y en la comprensión por parte de la educadora y el educador de las acciones infantiles y la claridad y ajuste en sus intervenciones y respuestas.